La memoria de una Huerta

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El origen de esta Huerta del Retiro se inició cuando estos dos azulejos se cruzaron en la vida de Faba. En pleno Camino de Ronda granadino relucían en el centro de una tapia blanca, que rodeaba un solar aislado entre dos edificios modernos de viviendas; sus amigos los Millanes vivían en uno de ellos. Al comunicarles Faba el interés que le habían provocado los dos azulejos del solar vecino, los Millanes le informaron que podría arrancarlos y llevárselos tranquilamente, pues las obras comenzarían en una semana.

 

Regresó a los pocos días a visitarlos, y se quedó hasta muy tarde. Al salir –pasadas ya las once- extrajo de su zurrón un martillo y un destornillador, y se puso manos a la obra. Desde entonces esta pareja de ladrillos vidriados no se han separado de Faba: han presidido la entrada a todas sus casas.

 

La primera vez que vinieron a buscarle los Millanes a Madrid, no lo encontraron en su vivienda, pero al ver los dos azulejos, colgados junto a la puerta, supieron que habían dado con su amigo Faba.

 

Así estas dos placas cerámicas con tanta historia, han ido envejeciendo y agrietándose al lado y al mismo tiempo que Faba.

 

De una huerta fértil que existió en la vega de Granada, regada por aguas de la Acequia Grande del Genil, donde crecían plantas y árboles; gracias a estos dos quebradizos azulejos, continúa no sólo el nombre, sino la persistencia de una huerta, donde ahora -en vez de patatas- se cultivan palabras.