La naranja que quiso ser serpiente

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Se enroscaba al brazo de Faba, como la serpiente a la copa en el escudo de la farmacia. El antebrazo desnudo de Faba le permitía trepar con tanta facilidad como si fuese una rama. Si mordiese la punta de esta cáscara, inyectaría en la mano de Faba su saludable veneno cítrico.

 

¡Oh, Santa diosa de las naranjas!

 

El verde carruaje de la contraventana, suministra misterio a este insólito apareamiento.

 

La cáscara de naranja serpentina es una de las que penden de la enredadera de hiedra, en la entrada Fenómenos postfrutales.

 

Iniciamos hoy con esta imagen una pequeña serie en torno a «Las extremidades del artífice», que irán apareciendo bajo el título genérico: Juegos de Manos.