La noche de los libros

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La noche de los libros también puede ser un buen momento para la música. No dejan de ser ambas manifestaciones culturales y actos de comunicación.

 

Arroz abanda en la calle Dulcinea, ¿es o no es una buena manera de empezar un día cuya noche será la de los libros?

 

Comió con nosotros un chaval joven, adornado con la gracia de conocer todas las librerías de Madrid. Y pude comprobar que era cierto. Era una especie de Maldini, que conoce el nombre y las habilidades del lateral izquierdo del Trabzon Karadenizspor (equipo de segunda división de la liga turca), pero de los libros.

 

La tarde transcurrió plácida hasta llegar a la plaza del Alamillo, donde nos había convocado Edu, profesor de escritura creativa en el Hotel Kafka. Nos lió para que hiciésemos un homenaje musical a los libros en el sótano de la librería Arranca Thelma, un lugar donde podría perderme para siempre. Entre libros y legajos, nos disfrazamos de Ray Charles, de Stray Cats, de Ken Booth, de Bill Withers, mientras trasegábamos algunas botellas de morapio.

 

Tras el concierto, David Villanueva nos invitó a su casa, donde además de su cama tiene su editorial, a tomar unas cervezas y un guiso de cordero. El reparto ya era otro, pero la obra fue similar y se improvisó un nuevo homenaje musical con recuerdo a Prince incluido.

 

En pleno éxtasis, una jovencita que saltaba enganchada a una litrona, resbaló y cayó por los suelos. Como para Cenicienta cuando dieron las doce, esta fue nuestra campanada y nos fuimos para casa enredados entre letras y notas.

 

@Estivigon

Nacido en Madrid en septiembre de 1962. A mí y a mi entorno, cada vez nos cuesta más definir a qué me dedico. Periodista de carrera durante quince años en la editorial GyJ, guionista de cine y teatro, productor de contenidos audiovisuales para museos y centros de interpretación, community manager en BMG Rights España, gestionando la identidad digital de un puñado de artistas, y músico. Aunque esto último me queda un poco grande; me considero un aficionado, pero, para bien y para mal, llevo veinte años metido de lleno en esta vorágine en donde me conocen más como Estivi. Discos grabados, conciertos, giras, noches… y muchos amigos.