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Mientras tantoLa otra Inmortal de Bobby Fischer

La otra Inmortal de Bobby Fischer


 

Hace unos meses, les comentaba la grandiosa partida jugada por un jovencísimo Bobby Fischer de 13 años, contra uno de los maestros más cualificados de Norteamérica, Donald Byrne.

 

Dicha partida se jugaba en 1956 y los expertos, no dudaron en calificarla como “La Inmortal de Bobby Fischer”, pero es que Bobby no era simplemente un jugador genial; él revolucionó el ajedrez; significó para este deporte lo que los Beatles para la música ligera o Bruce Lee para las artes marciales. Bobby era insaciable y cada partida la jugaba como si fuera la última de su vida y así, con tanto talento y tesón, no es de extrañar que produjera más de una partida realmente memorable como ocurrió unos años después en 1963 mientras disputaba el campeonato absoluto de los Estados Unidos, campeonato que ganó consiguiendo ¡el 100% de la puntuación! al ganar las 11 partidas en disputa.

 

Como decía, algo extraordinario ocurrió en la 3ª ronda del campeonato norteamericano. En ella, Fischer se enfrentaba a un maestro que estaba considerado poco menos que imbatible y al que el mismo Fischer todavía no había conseguido ganar, después de haber disputado anteriormente 5 partidas contra su fortísimo rival. Lo acontecido, aparte de la obra de arte creada por el joven Bobby, cobra todavía más relevancia, si tenemos en cuenta que su víctima, era ni más ni menos ¡que el hermano de Donald Byrne! Sí señores, el que fuera ajusticiado por Bobby 7 años atrás. Así que nos podemos imaginar lo “popular” que debía ser Fischer dentro de la familia de los Byrne, pues ¡“inmortalizó” a los dos hermanos!

 

Para que se hagan una idea completa de lo que van a presenciar, les muestro algunos comentarios sobre la partida:

 

El propio Robert Byrne:

 

«La combinación culminante es de tal profundidad que, incluso en el momento mismo en que me rendí, los dos grandes maestros que estaban comentando la partida para los espectadores en otra sala ¡creían que yo la tenía ganada!»

 

Revista Chess Quarterly: «¡Esto más parece brujería que ajedrez!»


Así es, pues Fischer, jugando con negras y partiendo de una posición igualada, desencadena un amago de tormenta en la jugada 12, a lo que Byrne no responde de la mejor manera y simple y llanamente, abandona pocas jugadas después.

 

Ahora sí, vamos a ver esta sensacional miniatura (partidas que acaban en 20/25 jugadas) que le propinó Robert James Fischer al sólido Robert Byrne.

 

 

Blancas: Robert Byrne (1928-2013) 

Negras: Robert Fischer (1943-2008) 

Lugar y fecha: Nueva York, 1963

 

1.d4 Cf6 2.c4 g6 3.g3 c6 4.Ag2 d5 [Fischer demuestra sus ganas de «guerra» planteando la Defensa Grünfeld, considerada muy enérgica]

 

5.cxd5 cxd5 6.Cc3 Ag7 7.e3 0–0 8.Cge2 Cc6 9.0–0 b6 10.b3 [«Para ambos, resulta muy difícil crear un desequilibrio en esta variante esencialmente simétrica» (Fischer)]

 

10…Aa6 11.Aa3 Te8 12.Dd2 e5! [¡Para hacer una jugada así, hay que tener 20 años y apellidarse Fischer! “Estaba un poco preocupado por la posibilidad de debilitar mi peón de dama, pero sentí que la enorme actividad conseguida por mis piezas, no le daría tiempo a las blancas para explotarla” (Fischer)]

 

13.dxe5 Cxe5 14.Tfd1 [¡¡ Crisis !! En el ajedrez profesional, existe un término que es «la torre equivocada», para referirse al momento en que pudiendo elegir qué torre situar en una casilla, se opta por la equivocada]

 

14…Cd3! [El ojo de halcón de Fischer entra en acción y rápidamente localiza la apenas imperceptible debilidad del peón f2, ocasionada por el movimiento de la torre blanca]

 

15.Dc2 Cxf2! [Hay que ser genio, brujo y estar iluminado por los dioses para tener ya la partida ganada en 15 movimientos, con negras y contra un Gran Maestro de primera fila ¡Qué estará pensando Donald Byrne, el hermano de Robert! «La justificación completa de este sacrificio, no se hace patente hasta que Byrne abandona» (Fischer)]

 

16.Rxf2 Cg4+ 17.Rg1 Cxe3 [¡Y todo este destrozo porque la torre dejó de defender el peón de f2!. Bueno, por eso y porque enfrente estaba una ciclón llamado Bobby Fischer y lo más asombroso de todo, es que su rival ¡no está entendiendo nada!, tal y como se puede ver por el comentario siguiente]

 

18.Dd2 [Byrne comento: “Mientras yo pensaba por qué Fischer había elegido esa variante, pues era a todas luces desventajosa para él, inesperadamente siguió”]

 

18…Cxg2! [“Esta espectacular jugada, fue noqueadora” (Byrne). Claro, Byrne esperaba que Fischer capturara la torre con el caballo, lo que hubiera significado la pérdida de toda la ventaja conseguida, pero es que Fischer no ha originado todo esto para simplemente, contentarse con recuperar el material entregado y sabe que el alfil tiene más valor que la torre «La captura del alfil deja al rey sin protección en los cuadros blancos» (Fischer)]

 

19.Rxg2 d4! [Fischer no concede descanso. Ahora descubre la diagonal de casillas blancas contra el semiindefenso monarca]

 

20.Cxd4 Ab7+ [«El rey está a merced de las negras» (Fischer)]

 

21.Rf1 [Hay exhaustivos análisis, demostrando que otras retiradas del rey tampoco solucionaban nada, pero ¡atención! porque si asombrosa es toda la partida en sí misma, no lo es menos lo que viene a continuación]

 

 

21…Dd7! y el blanco abandona

 

Posición final


 

Esta tranquila jugada de dama es el colofón a la obra de arte creada por Fischer. Su  rival, viéndose perdido,  opta por el abandono, pero lo asombroso es que todos los espectadores, incluyendo a dos Grandes Maestros que analizaban la partida, pensaban que !!era Fischer el que abandonaba!!, dado que tenía una pieza menos, pero es  que nadie acertó a ver la siguiente variante que justifica la rendición de Byrne:

 

Vean la posición después de 21…Dd7! que amenaza jaque mate en 3 movimientos

 

22.Df2 Una de varias infructuosas defensas

 

22… Dh3+ 23.Rg1 Te1+ ¡¡Sensacional sacrificio de torre!!

 

24.Txe1 Axd4 y se amenaza la dama o mate con 25… Dg2 (la dama blanca está clavada)

 

 En una entrevista, el Gran Maestro Larry Evans, dijo: «Fantástico, increíble. Fischer desplegaba en torno a sí mismo tal campo de energía, tal atmósfera de tensión y transmitía una intensidad psicológica tan colosal, que todos se sentían afectados”.

 

 

Luis Pérez Agustí

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