La parábola del cristalero

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En algún lugar del mundo, unos concienzudos epidemiólogos discuten sobre la nueva aplicación informática, al parecer indispensable, para recoger los datos de incidentes debidos a la asistencia sanitaria. Aquellos problemas que, en general son evitables y se asocian desgraciadamente a los cuidados o intervenciones practicados a los enfermos.

 

Discuten sobre detalles de la recogida de datos y sobre la calidad de los datos. Discuten y discuten. De pronto, uno de ellos les cuenta la parábola del cristalero.

 

Un buen cristalero, gran profesional muy reconocido, se afanaba con su ventana un día de primavera. Tan absorto estaba en su trabajo exquisito, que no vio un crimen que se cometía al otro lado del transparente cristal.

 

Los epidemiólogos debatían detalles nimios ante un informe en el que se decía con claridad que en 2009, 3 de cada 100 mujeres sufrían infecciones tras la cesárea y otros muchos datos de ese estilo. Sin duda eran como el cristalero, incapaces de ver el verdadero problema.

 

Tras una pausa reflexiva los médicos volvieron a sus epidemiológicas cuitas. Al fin y al cabo, la cabra siempre tira al monte.