La parte del cuadro completo que siempre se nos oculta…

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En la jerga periodística, llamamos serpientes de verano, o culebrillas, a aquellas noticias de dudosa relevancia que se adueñan de las portadas de los periódicos y los noticiarios cuando en agosto, en pleno verano boreal, los políticos y los periodistas se van de vacaciones y con algo hay que rellenar las páginas o los minutos. Este 2011 de cambios acelerados no ha dejado cabida a las serpientes, porque no dejó de haber noticias incuestionables, desde huracanes y hambrunas hasta revueltas y saqueos; y siempre con Los Mercados amenazantes como telón de fondo. Lo que sí se ha reproducido es esa tendencia mediática a llenar páginas con amplísimos y actualizados análisis que, sin embargo, no llegan ni de lejos al fondo de las cosas. Un buen ejemplo es la agitación social en los barrios londinenses, donde al abuso policial siguió la tragedia, a ésta la revuelta, y a continuación, el saqueo, del que participaron también las capas más favorecidas de la sociedad. Los ‘expertos mediáticos’ lo explican por una educación demasiado laxa, por las tendencias paternalistas del Estado de bienestar, por la propia idiosincrasia del comportamiento de masas o por la exacerbación del individualismo anglosajón. Como siempre, se nos oculta el cuadro completo -como bien recuerda La historia de las cosas, aquí reseñado-. Pero suele haber algún lúcido que se cuela entre la intencionada mediocridad de los mass media.

Uno de ellos es el geógrafo marxista David Harvey, para quien lo que pasó en las calles de Tottenham no sería sino la reproducción de la barbarie que prima, desde hace décadas, en el sistema que rige nuestra vida económica, política y social. Ese capitalismo, regido por la competencia salvaje, que “se convirtió en una fiera bestia rampante. Políticos-fieras que mienten en los gastos, banqueros-fieras que asaltan la bolsa pública hasta el último céntimo, altos ejecutivos, operadores dehedge funds y genios del lucro privado saquean el mundo de los ricos”… A fin de cuentas, se trata de “una economía política del saqueo de las masas, de prácticas predatorias que llegan al asalto a la luz del día, siempre contra los más pobres y vulnerables (…) ¿Alguien todavía cree que sea posible encontrar un capitalista honesto, un banquero honesto, un político honesto?” Entonces, los saqueadores de Londres estaban haciendo “lo que todos hacen, aunque de un modo diferente –más flagrante, más visible, en las calles. El thatcherismo despertó los instintos feroces del capitalismo y, desde entonces, nada surgió que lo domase”. Y así nos va, ahora que los dueños del mundo, esos que se esconden detrás de bancos y corporaciones, anónimos entre su dañina abundancia, se desprenden con descaro de toda sutileza y pretenden quitarnos lo poco que nos queda sin más finalidad que la que siempre tuvieron: la de maximizar el lucro.

Lo dice con otras palabras el sociólogo Manuel Castells: “En la raíz, es la crisis de un modelo. No sólo de un modelo económico dominado por un capitalismo financiero especulativo que hizo de la economía una ficción, enredando al mundo en una virtualidad de valores bursátiles, sino de un modo de vida centrado en buscar sentido en un consumo sin sentido. Dependiendo de un trabajo, cualquiera, para vivir de prestado. Hasta que calla la música y aparece el vértigo del vacío interior. En esa soledad hija de la competitividad. Y cuando lo cotidiano se cae, se buscan culpables.”

No me aburriré de gritarlo: el sistema capitalista es un error de principio a fin porque se asienta en los instintos más viles del ser humano –el egoísmo y la competitividad frente a otros valores, como la solidaridad-, y por ello no hace otra cosa que reproducir y multiplicar esa ley del más fuerte que se lleva a categoría universal e ineludible de la esencia humana, como si de tal cosa pudiera hablarse con tanta ligereza, después de tanta tinta que llevan escrita los antropólogos.

Otro mundo no sólo es posible, sino que es necesario. Cada vez somos más los que pensamos que el cambio está en marcha…

* Aquí os cuelgo el artículo de Castells “Tiempos borrascosos”.

Y el de Harvey, “El capitalismo bestial ataca en las calles”.

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Nazaret Castro
Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.