La pobreza es una puerta abierta al extractivismo

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Se concectan las realidades. Saltan en mil pedazos las barreras que separan los mundos porque en la economía global (esa que solo globaliza los perjuicios mientras localiza los beneficios en unos pocos) no se respeta ningún espacio. Miento, se evita chocar con los lugares molestos, aquellos habitados por ciudadanas y ciudadanos que no precisan de empleo o de limosna para prosperar.

 

Las empresas extractivas tienen su filón en los territorios con problemas. La pobreza no es más que una gran puerta de entrada que justifica los daños ambientales y sociales en pro de algunos empleos de mala calidad, alguna construcción bonita -fruto de la hipocresía envasada en la Responsabilidad Social Corporativa- y promesas incumplidas antes de ser verbalizadas.

 

Todo está conectado. En Wallmapu, el territorio mapuche en la denominada como Chile, se conjuran para no dejar entrar a Chevron en busca de gas por el perverso sistema del fracking. Ha sido YPF la que le ha dado permiso a la estadounidense a opoerar en la zona conocida como Vaca Muerta, pero los habitantes se niegan a que la madre tierra que los acoje sea perforada por los 1.000 pozos previstos. Muy lejos de allá, en los valles pasiegos de Cantabria (Estado español) mantienen una lucha similar. Por esos lados, en el autodenominado primer mundo, no pensaba que deberían volver a luchar contra las empresas extractivas, pero la crisis económica y la ambición sin límite han taido de vuelta a los ingenieros del mal, los que por el simple hecho de poder hacer algo técnicamente, se empeñan en hacerlo. No hay criterios éticos en el fracking.

 

La pobreza es mala defensora de los derechos, aunque en su caldo de cultivo va creciendo un valor no canjeable por moneda: la dignidad. Y es a punta de dignidad como en Wallmapu, Sudáfrica o en Cantabria se lucha contra el extractivismo.

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.