La revolución libia se atasca

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Como apuntábamos en nuestro anterior artículo, demasiados corresponsales habían extendido el certificado de defunción de Gadafi. Transcurrida una semana, el dictador libio trata de aferrarse al poder y ha iniciado una contraofensiva que, por el momento, ha producido una situación en tablas.

 

Lo que más de uno en su arrobo por la revolución había olvidado es que Gadafi, a la vista de lo ocurrido en Egipto y Túnez, podía intentar aplastar la revuelta por la fuerza. No ha tenido los escrúpulos de los dirigentes de esos dos países quienes al ver un movimiento de protesta muy extendido y el Ejército dividido optaron por dejar el poder. En Libia también han habido escisiones en las Fuerzas Armadas pero el núcleo bien preparado y mejor armado, el situado en la capital, ha permanecido por el momento fiel al dictador. El y su familia siguen proclamando falsedades como que el pueblo está con ellos y que todo es una provocación de elementos extranjeros pero el hecho es que las huestes leales a Guedaffi están mucho mejor pertrechadas y, sobre todo, tienen la aviación.

 

El país ha iniciado, pues, una guerra civil, con sangrientas escaramuzas y pequeñas batallas en diversos frentes y en la que no se sabe si el entusiasmo y el coraje de los alzados bastará para domeñar a unos efectivos bien equipados con aviones, helicópteros, tanques y  munición abundante.

 

Los rebeldes enfrentan el mismo dilema que Occidente. Difícilmente pueden imponerse militarmente, a no ser que otro sector importante del ejercito desertara, y no quieren dar la impresión de que el levantamiento está pilotado desde el exterior. Eso le haría el juego a Gadafi. Los apuros en el terreno, sin embargo, son crecientes. Por eso, la actitud de sus dirigentes va cambiando. De creer en un primer momento que la ola popular arrasaría a Gadafi y, por lo tanto, rechazar cualquier intervención extranjera han pasado a solicitar la implantación de una zona de exclusión aérea que impida a los aviones de Gadafi despegar y ametrallar a los contingentes rebeldes en movimiento. Sus reticencias iniciales en aceptar ayuda del exterior eran tan acusadas que un equipo de inteligencia británico que había aterrizado clandestinamente con objeto de entrar en contacto con los sublevados y estudiar que ayuda se les podía prestar fue detenido por estos y cortésmente informado de que esta no era la forma de entrar en el país, para ser pronto devueltos a un barco británico.

 

Las tribulaciones rebeldes, sus carencias armamentistas, empiezan con todo a hacer mella y ya hay voces que piden ayuda extranjera sin mayores cortapisas.

 

Occidente, es decir Estados Unidos y quien lo secunde, también tiene sus cavilaciones. Destacados políticos estadounidenses de todo el espectro político, solicitan una intervención urgente. Los militares, sin embargo, se muestran cautelosos. Establecer una zona de exclusión aérea no es exactamente “dominar un video juego” ,advierte un general de aviación, es más complicado con necesidad de aniquilar previamente las defensas antiaéreas libias, posibilidad de causar bajas civiles etc…Algo que exigiría, de entrada, un número abundante de aviones.

 

La Administración de Obama es, hoy por hoy, prudente pero está estudiando, y así lo ha manifestado el presidente, todas las opciones. Ya tiene cuatro aviones transportando a refugiados y viene colocando unidades navales en las cercanías de Trípoli. Entre las medidas consideradas están desde la zona de exclusión aérea, hasta el envío de comandos, suministrar  material militar (cohetes antitanques, antiaéreos, ametralladoras…) a los sublevados sin excluir la acción sobre el terreno. Opción esta última pesadillesca para algunos. Estados Unidos está envuelto en dos contiendas, Afganistán y aún parcialmente en Irak y lo último que necesita, para un sector de su opinión, es involucrarse en una tercera por humanitaria que ésta sea.

 

Inocencio F. Arias es un veterano diplomático y frecuente colaborador en los medios de información. Ha tenido cargos destacados con diferentes gobiernos: embajador en la ONU con el PP, Secretario de Estado y Subsecretario con el Gobierno anterior del PSOE y Portavoz del Ministerio de Exteriores con tres distintos ejecutivos de la democracia; UCD, PSOE y PP. En la ONU presidió el Comite Mundial contra el Terrorismo y la Asociación de Embajadores. Ha sido profesor en la Universidad Complutense y en la Carlos III de Madrid. En su única escapada a la empresa privada fue Director General del Real Madrid. Ha escrito libros: Confesiones de un Diplomático (Planeta) y Tres Mitos del Real Madrid(Plaza-Janes) y en colaboración con Eva Celada La Trastienda de la diplomacia (Plaza-Janes). A mediados de 2012 publicó también en Plaza y Janés Los Presidentes y la diplomacia. Me acosté con Suárez y me desperté con Zapatero que actualmente está en su tercera edición.