La romería

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Entre tantos calores, la mano de Dios señaló un sospechoso día de viento desatado para celebrar la romería en lo alto de un cerro. Los polluelos lloriqueaban de sueño, pero la mano de Dios los puso a todos en marcha y colmó de caricias a los más desolados, cuyo minúsculo llanto no hiere a nadie y conmueve a la mano de Dios. Los coros y danzas repasaban los cantares que pensaban entonar cuando avistaran la cima y los ingenieros arrastraban cerro arriba las treinta bibliotecas. Incluso el pájaro cabra, el mismísimo romero que recorre cada día todos los cerros para testar la holgura del mundo, ocupó su lugar con varias edades de ventaja. En la ligereza de las alturas se olvidaron las antologías amargas y no hubo reprimendas para los polluelos, que correteaban en todas direcciones. El cantar feliz se prendió en los vientos y apareció la vida para rimar el verso final. Al atardecer, una lluvia menuda cayó sobre el valle y el sembrado la recogió, silencioso.

4 COMENTARIOS

  1. Enhorabuena de nuevo. Tengo

    Enhorabuena de nuevo. Tengo mis dudas sobre si los polluelos lloran (la excreción de compuestos nitrogenados en el metabolismo de las aves es un tema obligatorio en algunas asignaturas) pero ese maravilloso y aliterativo:

    «reprimendas para los polluelos, que correteaban en todas direcciones»

    ¿eres consciente de que hablas naturalmente en poesía?

  2. El Dr. J. te hace la pregunta

    El Dr. J. te hace la pregunta más pertinente, Sofía: ¿eres consciente de que hablas naturalmente en poesía? (Amén de ello te dedica más piropos en la sección de comentarios del blog de María Iverski). Por mi parte, leyéndote, casi siempre se me viene a la memoria un fragmento espléndido de «Platero y yo», donde se aúnan poesía pura, poder de observación concentrado al máximo, y una fina ironía que es la media verónica del remate final. Dice así ese fragmento: «Salgo al huerto y canto gracias al Dios del día azul. ¡ Libre concierto de picos, fresco y sin fin ! La golondrina riza, caprichosa, su gorjeo en el pozo; silba el mirlo sobre la naranja caída; de fuego, la oropéndola charla, de chaparro en chaparro; el chamariz ríe larga y menudamente en la cima del eucalipto; y, en el pino grande, los gorriones discuten desaforadamente». Que tengas un feliz domingo, niña sabia.

    • Aquí estamos D. Ricardo, a la

      Aquí estamos D. Ricardo, a la sombra de las muchachas en flor. No he osado entrar en su blog por pura envidia, nunca conseguí aprender alemán sólo sé aquello de «Ich habe keine Geld». Me temo que no va a contestar salvo en presencia de su abogado, parecemos Susana y los viejos (lo digo por mí). ¿Se imagina lo que debe ser leer por primera vez a Proust, a Joyce, a Mann (ambos dos)

      • La envidia es mala consejera,

        La envidia es mala consejera, my dear Dr. Jeckyll. Por otra parte considere que hay 82 millones de personas que hablan alemán como la cosa más natural del mundo, y que al menos 81.999.000 deben de tener un coeficiente mental bastante inferior al suyo. En cuanto a las lecturas, bueno, Proust lo he intentado tres o cuatro veces, y la que más lejos llegué fue a la página 50 del primer volumen de su Recherche du temps perdu: sorry, no es manjar que me alimente. A Joyce lo venero por muchas razones, la mayor de las cuales es la falta de inhibición en su correspondencia conyugal. Y por lo que se refiere a los Mann (no dos, sino todos, incluyendo a Klaus, Erika, Golo. todos), sí, es una gozada leerlos en el original. Pero ¿verdad que no es nada original lo que le digo?  Escríbame a mi blog, pues, cuando le venga en gana, su amigo el Zar de la Noche bien que lo hace. Vale, y de todos modos, gracias por leerme, no es chico privilegio.

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