La situación social de los niños españoles II

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Tras comparar la situación de la infancia en España en comparación con otros países, profundizamos un poco más en los datos relativos a España y la situación de los niños en relación con el resto de la población.

 

En una primera parte hablamos de la situación social de los niños españoles en comparación con otros países y para ello utilizamos un informe de Unicef. En esta segunda parte nos fijaremos, individualmente, en la situación de los niños españoles, no sólo ahora, sino en su evolución en los últimos años y para ello usaremos un reciente informe de la Fundación Foessa, ligada a Cáritas.

 

El siguiente gráfico muestra la evolución de los niveles de pobreza de los menores de 18 años en España entre 2005 y 2014. Lo primero que llama la atención es que las tasas de pobreza han sido siempre, incluso en los tiempos previos a la crisis, relativamente elevadas. Para entender del todo el gráfico, hay que explicar a qué se refiere cada línea: está en pobreza relativa el niño que vive en un hogar con una renta inferior al 60% de la renta mediana; en pobreza severa, quien vive en hogares con una renta inferior al 40% de la renta mediana; el indicador AROPE es el que engloba al grupo de personas en riesgo de pobreza o exclusión social agrupando tres dimensiones: la económica, para la que se usa el indicador de pobreza relativa, la carencia material y la baja intensidad laboral.

 

En una de las épocas de mayor bonanza (dicen) de la economía española (entre 2005 y 2006), la tasa de pobreza relativa se encontraba en el 26% de la población menor de 18 años, mientras que la pobreza severa rozaba el 12%. En riesgo de pobreza o exclusión social se encontraba en el 29%. La crisis ha agravado todos estos porcentajes, de tal manera que en pobreza severa ya vive más del 15% de los menores de 18 años, en pobreza relativa, más de un 30%, y en riesgo de pobreza o exclusión social, prácticamente un 36%.

 

 

La pobreza en España ataca sobre todo a los menores, como podemos ver en el gráfico bajo estas líneas. Un 15,5% de los menores de 16 años vive en una situación de pobreza severa; mientras que en el caso de las personas entre 16 y 64 años, esta tasa se encuentra en el 11,5%. En el caso de los mayores de 64 años, se encuentra en el 2,8%. La tasa de pobreza severa siempre ha sido mayor entre los niños que en el resto de franjas de edad. La de las personas con edades más allá de la jubilación siempre ha sido menor. Pero lo que sorprende es, además, que la tasa de pobreza entre las personas de más edad no ha parado de bajar en los últimos años. Quizás porque las pensiones no han caído en los últimos años, al contrario que los salarios; quizás porque la renta mediana ha caído, las pensiones no, y la posición relativa de quienes las cobran ha mejorado; también, porque las personas de más edad no se ven atacadas por el paro ni la precariedad laboral.

 

 

 

 

Y sí, la pobreza infantil supera la media de la Unión Europea. Aunque ello no es una novedad surgida con la crisis: también era así en los noventa y en los primeros años del nuevo milenio. Lo distintivo de estos años, quizás, es que, como muestra el gráfico bajo estas líneas, la distancia se está ampliando: la pobreza infantil está creciendo más en España que en la Unión Europea.

 

 

Hemos visto que en España ha bajado la tasa de pobreza entre los mayores de 64 años. Lo mismo sucede cuando analizamos el indicador AROPE y en el resto de Europa. Aunque hay algo curioso, hay una variable en la que España está mejor que la media de la UE: el riesgo de pobreza y exclusión social de las personas de 65 y más años es menor en España que en la media de la UE. En lo que se ha distanciado, y para mal, España ha sido en el riesgo de pobreza o exclusión social que sufren los menores de 16 años. Partían en 2005 de niveles del 30% en España y del 27,2% en Europa, pero de acuerdo con los últimos datos, mientras en España ha subido al 35,4%, en la UE se encuentra prácticamente en los mismos niveles de hace diez años (27,4%).

 

 

 

También hay que tener en cuenta que los hogares con niños tienen un mayor riesgo de pobreza que los hogares sin niños. Además, el riesgo de pobreza ha crecido más entre los hogares con niños que en los sin niños en los últimos años. Y, de hecho, por tipo de hogar, la tasa de pobreza ataca con especial fuerza a los hogares con dos adultos y tres o más menores dependientes, mientras que el tipo de hogar con menos pobreza relativa son los que no tienen menores dependientes.

 

 

 

Se observa, además, una correlación entre el nivel de estudios de los padres y la tasa de pobreza de los niños. La mayor tasa de riesgo de pobreza se encuentra entre los hijos de personas sin estudios (56,1% entre los españoles y 50,1% entre los europeos). El incremento del riesgo de pobreza ha sido superior entre los españoles que en la media europea, aunque el peor comportamiento de España es especialmente importante en los niños cuyos padres tienen educación secundaria, en los que el riesgo de pobreza ha pasado desde el 23,4% hasta el 37,3%, mientras que en el caso de la media europea ha crecido desde el 19,9% hasta el 24,2%. España sólo tiene mejores cifras en el caso de los hijos de personas con educación superior y post-grado (7,1% en España, frente al 11,7% en Europa). Aquí hay un germen de reproducción social de la pobreza, de herencia de la pobreza de padres a hijos, que también analiza en profundidad la Foessa. 

 

 

El riesgo de pobreza es más importante entre los niños y de acuerdo con el gráfico bajo estas líneas, una de las razones más importantes puede estribar en la falta o escasez de políticas sociales para infancia y familia. Tras las políticas de vivienda, son las de familia las que de menos presupuesto público disponen. Además, entre 2013 y 2012, bajó la inversión en infancia en España, con lo que se alejó todavía un poco más de la de la Unión Europea donde, de media, se destina a políticas de familia el 7,5% del presupuesto en protección social, más de dos puntos por encima de la cifra de nuestro país.

 

Ello tiene consecuencias: las transferencias sociales reducen drásticamente la pobreza de los mayores, y muy poco la de los más jóvenes.

 

 

 

 

 

¿De qué manera marcará el futuro de España estas tasas tan graves de pobreza infantil? No dejemos que la realidad nos dé la respuesta y demandemos políticas sociales más ambiciosas y especialmente diseñadas para mejorar la vida de nuestros niños y su porvenir. 

 

 

 

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