La tabla de hilvanar

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Más allá de la tela, el hilo, la aguja y las tijeras, el bordado a mano puede hacer uso de otros elementos que faciliten la labor. Uno de esos es la tabla de hilvanar. 

 

Es una mesa sin patas, con una curvatura en uno de sus lados, que se apoya sobre el regazo para dar soporte al bordado que estamos ejecutando y a otros accesorios que para él empleamos. El nombre de “tabla de hilvanar” es el que se le da en mi familia; así he escuchado que la llaman mi madre y mi tía abuela.

 

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Podemos usar la tabla de hilvanar cuando trabajamos sentadas(os) en el sofá o en una silla, cuando usamos bastidor o cuando no lo usamos, cuando hacemos hilván o cualquier otra puntada. A mí me resulta útil para mantenerme ligeramente erguida o, dicho de otro modo, para no encorvarme tanto al bordar.  

 

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Quiero contarles que ayer recibí, como regalo y como herencia, la tabla de hilvanar de madera que les he mostrado en las fotos. Era propiedad de Rosita Rosales, mi tía bisabuela, la bordadora más fina de mi familia en todo el siglo XX (y espero que mis demás parientas bordadoras no se ofendan por esta afirmación).

 

Rosita era originaria de la ciudad de San Vicente (El Salvador), hacía cuturinas y otras prendas para bebés, y las bordaba con suma delicadeza. En mi tierna edad, varias décadas atrás, usé ropa bordada por la Rosita. La tabla me la dio su hija, Ana María Ramírez, a quien le estoy enseñando a bordar. Para ella –que seguramente leerá esta entrada– mi agradecimiento.

 

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Para terminar, les comento que antes de tener mi propia tabla de madera usaba un soporte plástico con cojín, comprado en la tienda Ikea. Aquí me hice una foto con ese accesorio.

 

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