La telaraña y la muerte

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La revista Wired anunciaba hace unos días que Google y la CIA han fundado una empresa, Recorded Future, destinada a predecir el futuro a partir de la monitorización de la Web en tiempo real. Probablemente la Red acabe conteniendo más información sobre nosotros que nuestros propios cerebros. Internet es un enorme almacén de secretos y huellas, organizado en recintos infinitos, unos abiertos y otros cerrados. Las llaves que abren estos últimos –las combinaciones de usuario y contraseña– se amontonan en las frágiles estanterías de nuestra memoria y allí mueren cuando morimos. Para evitarlo, varias empresas de internet ofrecen interesantes servicios post-mortem.

 

Legacy Locker es una web donde podemos elaborar una lista de nombres de usuario y contraseñas para que tras nuestro fallecimiento sean enviadas a una serie de destinatarios previamente escogidos. My Last Email permite dejar cartas, fotos o mensajes de video preparados para que los reciban distintas personas cuando muramos. La idea es poder decir en diferido lo que no hemos dicho en directo. También podemos crear nuestra propia esquela online. En una línea parecida funcionan Deathswitch, que utiliza un inquietante sistema automatizado para comprobar la muerte del cliente, o Slightly Morbid, donde elegimos uno o varios contactos de confianza para que comuniquen nuestra muerte a una lista de emails seleccionados.

 

Nos movemos por internet tejiendo telarañas de dependencias que no podremos llevarnos a la tumba. La Red es infinita y eterna. Si no queremos que nuestras huellas acaben convertidas en ruinas habitadas por desalmados, quizás no sea mala idea dejarlas en herencia.