La trastienda de Stop Desahucios

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¿Alguno tiene orden de lanzamiento?”, así, directa y sin tapujos, es como Ana arranca una de las reuniones de acogida semanales de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) Madrid. Frente a ella y dispuestos en semicírculo alrededor de una gran mesa blanca se encuentran unos 20 compañeros. Un grupo de cuatro asiente. Ya tienen fecha para su desahucio.  No queda mucho por hacer, pero aún no pierden la esperanza. “Entonces tenéis que rellenar la ficha con Cristina”. Salen de la sala y el resto, también deudores hipotecarios o avalistas, sentados y sin haberse quitado aún los abrigos, permanece en la habitación. Algunos sostienen entre sus manos un bolígrafo y una libreta, otros tienen una carpeta con documentos bajo el brazo y los hay que, ansiosos por descifrar su contenido, sujetan una serie de papeles sellados por la entidad financiera con la que firmaron su hipoteca.
 
La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) cuenta con 200 puntos de acción y miles de voluntarios en toda España/ E. Garrido
 
La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) cuenta con 200 puntos de acción y miles de voluntarios en toda España/ E. Garrido
 
Eva Garrido-. “¿Alguno tiene orden de lanzamiento?”, así, directa y sin tapujos, es como Ana arranca una de las reuniones de acogida semanales de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) Madrid. Frente a ella y dispuestos en semicírculo alrededor de una gran mesa blanca se encuentran unos 20 compañeros. Un grupo de cuatro asiente. Ya tienen fecha para su desahucio.  No queda mucho por hacer, pero aún no pierden la esperanza. “Entonces tenéis que rellenar la ficha con Cristina”. Salen de la sala y el resto, también deudores hipotecarios o avalistas, sentados y sin haberse quitado aún los abrigos, permanece en la habitación. Algunos sostienen entre sus manos un bolígrafo y una libreta, otros tienen una carpeta con documentos bajo el brazo y los hay que, ansiosos por descifrar su contenido, sujetan una serie de papeles sellados por la entidad financiera con la que firmaron su hipoteca.
 
Al fondo de la sala se encuentra un joven matrimonio. “Mi tía nos dijo que aquí nos podrían ayudar”, cuenta ella, de 34 años, que al igual que su esposo, de 38, prefiere mantenerse en anonimato. Estas reuniones, sin coste y organizadas por ciudadanos voluntarios como el resto de actividades de la PAH, son el embrión de la plataforma, que ya lleva casi cinco años en activo y extendida en 200 puntos del país. Los afectados acuden para esclarecer en qué situación se encuentra su hipoteca y saber qué pasos dar. Una vez atendidos en la reunión, los voluntarios de la PAH los derivan a los diferentes servicios que prestan según sus necesidades, desde asesoramiento para evitar desalojos y los conocidos Stop Desahucios –con ambas medidas se han paralizado más de 900 desahucios-, hasta su reciente Obra Social.
 
“Antes esto no existía. La gente viene y se entera. Muchos no saben en qué punto se encuentran con su hipoteca porque los bancos no informan de esto. Ahora se conocen nuestros derechos, que los tenemos”, remarca Ana, una mujer de 54 años, ahora retirada y voluntaria en la PAH Madrid desde hace uno. “Desde las instituciones públicas no se hace nada. A veces, los trabajadores sociales del Ayuntamiento de Madrid nos remiten casos”, añade Cristina, de 63 años, ingeniera de telecomunicaciones y también retirada y voluntaria de la PAH desde hace más de dos años. Así es. Desde el cabildo madrileño aseguran que indican al ciudadano que solicite por la vía administrativa los trámites que hay que seguir para presentar una reclamación al Banco de España o por la vía civil para presentar una denuncia, pero no sobre lo que significa una dación en pago o qué hacer para conseguir la condonación de su deuda. “Sí, también les informamos de la existencia de plataformas ciudadanas en las que pueden recibir asesoramiento”, indica Enrique Montes, técnico del Instituto Municipal de Consumo. La Consejería de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid confirma también la inexistencia de servicios de asesoramiento y el Ministerio de Economía asegura que su función es promover códigos deontológicos para las entidades financieras. “No damos asesoramiento porque no nos corresponde”, apuntan fuentes del Ministerio.
  
El matrimonio escucha atento a Ana y a las otras dos mujeres que conducen la reunión, Marga y Gladys. Los dos sin trabajo, el mes pasado, por primera vez, no pagaron la letra de su hipoteca. Saben que al tercer impago la entidad financiera querrá rendir cuentas y lo que eso podría suponer: quedarse en la calle con su hijo de tres años. Antes de que eso suceda, han decidido tomar cartas sobre el asunto. “Hemos ido a renegociar nuestra hipoteca con el banco y nos ha ofrecido un engaño. Una carencia por unos 140€ al mes durante cuatro años, pero después nos tenemos que rehipotecar por otros 40 y todo lo que llevamos pagado en estos últimos siete años no cuenta, cuando nuestra hipoteca inicial ya era de 40 años”, explica él. Ahora van a intentar conseguir la dación en pago.
 
En las reuniones de acogida los voluntarios de la PAH explican a los deudores hipotecarios cómo evitar su desahucio/ E.G.
 
En las reuniones de acogida los voluntarios de la PAH explican a los deudores hipotecarios cómo evitar su desahucio/ E.G.
 
La letra pequeña
 
“Ojo con las carencias porque es lo primero que te ofrecen. Tiene que ser una carencia total y luego empezar a pagar donde lo dejaste”, subraya Ana cuando comenta a los asistentes las diferentes posibilidades que tienen para evitar la subasta de la vivienda que habitan, fase previa a la orden de lanzamiento. “¡Y que sea por escrito!”, apunta otro compañero. “Porque si no, no vale. Yo lo gestioné por teléfono y luego me dijeron que no tenía validez”, continúa.
 
Muchos voluntarios de la Plataforma, más de mil, son afectados por la hipoteca, pero otros no, como Ana, por lo que cuando empezó a colaborar en la PAH no tenía idea alguna sobre procesos hipotecarios ni sobre conceptos como dación en pago o condonación de la deuda. “Todo lo que cuento ahora en las reuniones lo aprendí de escuchar las preguntas y respuestas de los compañeros. Y es así como mucha gente que viene descubre qué tiene que hacer con sus hipotecas”, cuenta la mujer.
 
Según las cifras del Consejo General del Poder Judicial, entre 2008 y 2012 se produjeron un 199,5% de desahucios más que entre 2003 y 2007. Y entre enero y septiembre de 2013 fueron una media de 183 al día. El Banco de España asegura en un reciente estudio que el número de viviendas desalojadas aumentó en el primer semestre de 2013 respecto a todo 2012, con 35.098 y 44.745 desahucios respectivamente. La PAH, además de denunciar el número de desahucios que se han ejecutado en España y la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran los afectados, así como reclamar que se cumpla el Derecho Universal a la Vivienda, que se regularice el alquiler y que se apliquen alquileres sociales, también critica la falta de transparencia de las entidades financieras a la hora de conceder hipotecas.
 
Entre enero y septiembre de 2013 se produjeron una de media de 183 desahucios al día/ E.G.
 
Entre enero y septiembre de 2013 se produjeron una de media de 183 desahucios al día/ E.G.
 
“Somos unos pringados”, afirma resignado el matrimonio. Corría el año 2006. Ambos trabajaban en el sector servicios y antes de casarse decidieron comprar una casa, tal y como dictaba el patrón social establecido. “Nos vimos empujados a meternos en una hipoteca porque un alquiler eran 800€ y para eso te metías a pagar una letra”, recuerda ella. Por una vivienda en el extrarradio obrero madrileño de dos habitaciones y un baño se comprometieron a pagar 224.000€. La burbuja inmobiliaria estaba en plena ebullición.
 
“Firmamos con la Hipoteca Joven de Bankia y nos dijeron que hasta habría meses que nos quitaríamos dos letras”, continúa. Sin embargo, el Euribor se disparó en 2007. De eso no les habían avisado y en lugar de pagar letras dobles en un mismo mes vieron que éstas ascendían a los 1.500€. Para hacer frente a esta situación, él decidió abandonar su puesto de trabajo y adentrarse en el mundo del ladrillo conduciendo camiones dado que era el sector estrella del momento. Poco más duró este éxito y tras la explosión de la burbuja y con la punta del iceberg de la crisis asomando, ambos perdieron su empleo. Y hasta hoy. En siete años han pagado a su entidad financiera cerca de 60.000€, pero su hipoteca sólo ha bajado hasta los 206.000€. Los últimos años han conseguido hacerle frente gracias a la prestación por desempleo, al subsidio y a los trabajos temporales de él.
 
La unión hace la fuerza
 
“Antes, los afectados por la hipoteca eran principalmente personas migrantes, ya tuviesen permiso de residencia permanente o nacionalidad española. Parece que antes a los nacionales les daba más vergüenza reconocer su situación, pero ya se está dejando ver esa mal llamada clase media y también las PYMES”, explica Cristina.  El afectado por la hipoteca deja de pagar las letras por diferentes motivos: pérdida de empleo, accidente laboral, disolución del núcleo familiar o subida de las cuotas, entre otros.
 
Algunos, tras ser atendidos por la PAH deciden unirse a este activismo para asesorar a futuros afectados. Algo a lo que Ana, Marga y Gladys invitan constantemente a los asistentes de la reunión de acogida. Otra miembro de la PAH Madrid y encargada de comunicación, Irene, de 25 años, subraya que el trabajo colectivo es la mejor vía para afrontar los  problemas. “Juntos y juntas somos más fuertes. También porque entendemos que las causas últimas del problema hipotecario no son individuales (por ejemplo, que la gente haya vivido por encima de sus posibilidades, como nos dicen a veces) sino sociales, políticas, económicas: una ley hipotecaria injusta que beneficia a los bancos frente a los deudores habitacionales y que ningún gobierno quiere modificar en lo sustancial, y una oligarquía financiera que diseña productos hipotecarios pensando sólo en su enriquecimiento a sabiendas de que con ello se violarán los derechos humanos de millones de personas. Y por tanto, ante causas colectivas, la solución y la lucha también ha de serlo”, asevera.
 
La lucha continúa. También para el joven matrimonio. “No nos podemos quedar en casa llorando”, sentencia ella esperanzada a pesar de todo.