La vida dulce de Pdr

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Un PSOE en estado crítico (el PP a su lado goza de buena salud) se arrastra de la mano de Snchz que a estas horas ya debe de estar regresando a casa dando tumbos como Marcello al final de su historia...

 

Pdr debe de querer ser como Marcello, el protagonista de La Dolce Vita, que se acuesta con socialités y persigue a Anita Ekberg desesperado por las calles de Roma mientras su novia le espera siempre al borde del suicidio. Ahora mismo le estoy viendo en ese plano frontal, conduciendo el descapotable camino del hospital, ojeroso y angustiado, con Emma inconsciente apoyada en su hombro. Debería pararse esta deriva aunque sólo sea para evitar que Albert se tome un frasco de pastillas. Para que se desengañe, para que sepa que en realidad le quieren de segundo plato, de reserva, y que el amor entre los dos es imposible. Para Snchz Pablo es Sylvia, Anita, («Pdr, come here!») lo que da una idea de su degradación estética y moral. Pablo está en la época de liquidar a Trotsky (¿estará ya Errejón en Méjico?), tras la que están por llegar las de liquidar a Kamenev y Zinoviev. Hoy mismo no hay nadie a salvo en Podemos salvo la cursilería, que controla el aparato del partido casi más que su propio Iosif. Un PSOE en estado crítico (el PP a su lado goza de buena salud) se arrastra de la mano de Snchz que a estas horas ya debe de estar regresando a casa dando tumbos como Marcello al final de su historia, pero quizá sin haberse dado cuenta todavía de que el pez raya que yace en la arena, atrapado en la red de los pescadores, conserva hasta en la muerte sus ojos amenazadores.