Lamina Salek, el sueño de volver al Sáhara

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Los ojos lagrimean y lloran
Y el corazón lentamente se cristaliza
¡Ay! si los corazones se hablaran
Cuántas bocas serían silenciadas.
Mawal -Mariem Hassan

(Madrid. Refugiada, murió el 25 de marzo a los 25 años). Marien Hassan fue la máxima exponente de la música saharaui, una voz reconocida internacionalmente; allá adonde iba despertaba simpatías y afectos hacia su persona, y por ende a la causa que defendía. Como muchas mujeres fue víctima de cáncer de mama, una enfermedad silenciosa que consume el cuerpo lentamente y que, si bien hoy día recibe tratamientos muy exitosos, sigue provocando numerosas muertes. Mariem murió el 22 de agosto de 2015, en el campamento de refugiados saharaui de Smara; el mismo campamento que fue testigo del nacimiento de sus hijos, el mismo que fue testigo de sus desvelos mientras les amamantaba, el mismo que recibió su cuerpo inerte y sin mamas. Fueron días duros, escasas dos semanas en las que veía como la vida abandonaba su cuerpo hinchado por una metástasis imparable. Mi abuela, su madre, la despidió la noche anterior; sabía que no volvería a despertar. Hace un par de meses, una llamada de un amigo pidiéndome ayuda legal, para documentar a la que había sido su niña saharaui de acogida, me devolvió a esas fatídicas semanas de agosto de 2015. La que había sido niña saharaui de acogida de mi amigo Carlos, ahora era una mujer de 25 años, madre de una niña de 2 años, y enferma de cáncer de mama. Lamina Salek, en la flor de la vida, llegó a una Madrid donde se debatían cuestiones que aunque hoy no son noticia siguen revistiendo gran importancia: la sanidad pública sigue sin ser universal y gratuita, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avalando las devoluciones en caliente, los refugiados siguen sin tiener oportunidad para huir de sus desdichadas vidas de persecución, hambre y guerras, la violencia machista en alza, la precariedad laboral, y un largo etcétera de problemas que nos preocupan y ocupan, aunque ya no sean noticia. La solidaridad de personas como Carlos Lafuente y su familia, de las gentes de Rivas Vaciamadrid, del personal sanitario, le dio a Lamina la oportunidad para empezar el tratamiento que tanta falta le hacía contra el mal que padecía. Por desgracia, las Moiras ya habían tejido otro final. Una enfermedad sin cura conocida, una pandemia global, atacó su cuerpo debilitado por el cáncer y su tratamiento, y le arrebató su sueño de volver a su jaima con su hija y su familia. El confinamiento, las restricciones aéreas, el cierre de fronteras, y todas las medidas de contención de esta enfermedad llamada coronavirus impiden repatriarla, por lo que su sueño de volver no podrá ser cumplido. Sidi Talebbuia Hassan.

 

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