Las apariencias engañan

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Esta expresión se cumple muchas veces. En China muy a menudo. Una extranjera entra en una pequeña tienda de películas situada en un paso subterráneo que alberga un mercadillo improvisado, apenas cuatro estanterías con cajas de CD´s y DVD’s expuestas, cine y música nacional de otra época que desprende escaso interés. La dependienta nos hace una señal y al mover el armario que está detrás del mostrador se nos invita a entrar en un universo paralelo donde encontramos las películas y series que buscamos. En otras tiendas ni siquiera se preocupan de esconder la mercancía, salvo en contadas ocasiones, cuando por alguna razón desconocida, presumiblemente ligada con la imagen del país hacia el exterior, el género se transforma.

 

No obstante, nos llevan a alguna habitación secreta donde nos encontramos con otros extranjeros que hojean álbumes llenos de carátulas de discos. Diez yuanes el DVD, cinco si lo compras en la calle. No puedo llegar a imaginarme la industria que hay detrás. Esos discos son la punta del iceberg.Me llama una chica. Hablamos en inglés y en chino porque me cuesta entender su acento. Trabaja en una empresa que va a recibir a algún socio o cliente occidental al día siguiente y busca desesperadamente a un joven ario, preferiblemente europeo, que hable inglés. Quieren que represente el falso cosmopolitismo de la empresa. Pagarán por la actuación. Anteriormente había oído rumores de que reclutaban a estudiantes estadounidenses en los campus universitarios para esos mesesteres y que se sacaban unos dineros. No era ningún bulo.

 

Con motivo de los Juegos Olímpicos se construyeron muchos edificios e infraestructuras urbanas, pero la fiebre inmobiliaria en la capital continúa. Se inauguran más y más centros comerciales que están rivalizando con los parques como zonas de ocio tradicionales. Marcas occidentales de ropa y cosméticos, cafeterías, restaurantes, incluso cines. Muchos salarios de esta ciudad equivaldrían a unos zapatos de Staccato, un abrigo de Mango y un perfume de Dior. ¿Quiénes se pueden permitir esos precios? No dejo de preguntarme cómo es posible que proliferen esos templos del consumo y les vaya bien. ¿Esa elite con capacidad adquisitiva es lo suficientemente numerosa para responder a esa oferta de consumo que está emergiendo? ¿Los hijos de la incipiente clase media urbana le están rindiendo culto a las marcas a costa de sus ahorros? No me lo explico, teniendo en cuenta el salario de la mayoría de los obreros y licenciados, 2000 y 5000 yuanes siendo generosos.

 

La realidad china está plagada de incertidumbres. ¿Hasta qué punto nos engañan las apariencias? Cuando llegué a China traía ciertos tópicos de oriente en la maleta que durante este tiempo he ido contrastando con la realidad a pie de calle, acumulando si cabe más dudas sobre esta realidad. ¿Sistema comunista o capitalista? ¿espiritualidad o materialismo? ¿ricos o pobres?

Vigo, 1983. Licenciada en Periodismo y Especialista en Información Internacional y Países del Sur por la Universidad Complutense de Madrid. Tras experiencias académicas y profesionales en Madrid, Freiburg, Utrecht, Berlín y Londres, en 2008 llegó la ansiada oportunidad de ampliar horizontes en Asia. Cuatro meses antes de los Juegos Olímpicos me trasladé a Beijing con un visado de trabajo pero sin propósitos definidos, abierta al descubrimiento de un nuevo mundo, y aquí sigo, observando los cambios de una sociedad en constante transición que desafía mis neuronas constantemente.