Las “arquitecturas prematuras” de Isidoro Valcárcel Medina

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Hace unas semanas –el 18 de octubre– finalizaron los encuentros de Pamplona, una edición organizada por Ramón Andrés que venía a rememorar la celebrada hace 50 años. La anterior, tuvo lugar durante una semana del verano de 1972 y reunió a centenares de artistas, entre quienes destacaron John Cage, Antoni Tàpies y Dennis Openheim. En aquella ocasión, Isidoro Valcárcel Medina (1937) presentó sus Estructuras tubulares en el Paseo de Sarasate ofreciendo diferentes vistas de la obra y modificando la vía por medio de sus andamiajes.

Este año, el artista murciano vuelve a estar presente en el evento con la exposición Arquitecturas prematuras, una serie de planos arquitectónicos desarrollados entre 1984 y 1992. La muestra –producida por el Azkuna Zentroa de Bilbao y el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno)– recoge facetas características de Valcárcel, a saber, la atención sobre los espacios urbanos y la crítica política e institucional.

Vivienda Unifamiliar  (1973-1974)

Todo plano arquitectónico es, por definición, una arquitectura prematura. Empero, los aquí expuestos tienen más de acto (en tanto que obra) que de potencia, debido a la falta de esperanza y de intención –por parte del autor y de los gobiernos, respectivamente– de llegar a materializarlos. Lo anterior, no resta para que algunos de sus diseños sean viables (de hecho, la Vivienda unifamiliar que desarrolló entre 1973 y 1974 fue construida en El Escorial).

La narrativa irónica de Valcárcel Medina produce sonrisas al tiempo que desvela la incompetencia política contemporánea ante aspectos complejos de la realidad social. En todos los planteamientos presentados la función precede a la forma, ofreciendo solución a determinadas necesidades. Ante el tabú mediático de un ascenso de suicidios o la difícil gestión okupacional, por ejemplo, se proponen edificios óptimos para tales fines. Desde esta perspectiva, el artista percibe y reformula todo espacio urbano, logrando mejoras a partir de huecos e infraestructuras ya existentes –se aprecia en Huecos de Madrid: Toledo 10, Toledo 70, Atocha – Fúcar (1987) y Aparcamiento universal (1989)–. A su vez, trabajos como el Museo de la ruina (1986) y el Estadio Municipal y Plaza de los Monumentos (1990) permiten la reflexión sobre el espacio expositivo. Caben destacar, además, las alusiones a diferentes aspectos y elementos de la naturaleza: la imagen futurista ante el cambio climático en su Plan de salvación de Riaño (1986), la propuesta agraria en el Proyecto de uso de La Chantría (1990), el enaltecimiento de la tierra viva en el Panteón familiar (1986) y en su Tierra virgen (1989), y la presencia destacada del viento en las Casas del viento (1986-1987) y en La casa violenta del viento (1986).

Tierra Virgen (1989)

Queda patente la –aún– inmadurez socio-política existente ante los temas expuestos y el largo camino a recorrer. El arte ofrece, en este sentido, un puente libre para la innovación y la mejora, un ejercicio de especulación, de propuesta y de exploración. Los planos de Valcárcel Medina se perciben desde el escepticismo, como el juego que esconden: una crítica social feroz.

Su reencuentro con Pamplona, medio siglo después del primer evento, reflejan su pasión artivista y la triste vigencia de temas ya urgentes en los años ochenta. La visita de Arquitecturas prematuras, en la planta baja del Pabellón de Mixtos de la Ciudadela, servirá de estímulo para el público hasta su clausura el próximo 11 de diciembre.

Cuando: Hasta el 11 de diciembre

Dónde: Pabellón de Mixtos de la Ciudadela, Pamplona, España

 

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