Las guerras de nuestros padres

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¿Es posible que los relatos oídos casi de forma inconsciente se aposenten en los cuerpos, convertidos así en una suerte de transportadores de memoria? Este es el fascinante punto de partida de Corpo suspenso, un espectáculo creado e interpretado por Patricia Couveiro y Rita Neves a partir de la experiencia de esta última, que escuchaba de niña las conversaciones en voz baja de su padre y otros hombres sobre la guerra colonial portuguesa (1961-1974). Ya de adulta se planteó que, de alguna forma, los cuerpos son depositarios de una memoria a veces silenciada y quiso profundizar en esa idea planteándose cómo afectaron los recuerdos de esa contienda al cuerpo de su padre y, de paso, en el envite, hacer algo general de lo particular con el fin de zambullirse en una memoria transgeneracional, pues las guerras, se reflexiona, no afectan y transforman solamente a aquellos que las libran sino también a quienes les rodean, en particular a esos niños que almacenan susurros, imágenes remotas, el mito borroso de algo lejano y terrible, la intuición de que tal vez los padres participaron, antes de que ellos nacieran, en episodios tenebrosos sobre los que es mejor no preguntar. 

Rita Neves en una escena de “Corpo suspenso” (Foto: Alipio Padillha / Festival de Almada)

En esta emocionada almoneda de recuerdos puede verse multitud de fotografías encima de una mesa en un intento de difícil clasificación, otras proyectadas sobre una sábana blanca, el humo de muchos cigarrillos cuyas colillas se guardan en bolsas de plástico como mínimos vestigios de vidas consumidas, follaje tropical reseco, uniformes militares, las frases garabateadas detrás de las instantáneas enviadas a los familiares, fotos del avejentado cuerpo del padre (la espalda podría ser, se dice, el mapa de Angola), filmaciones en color de las manos del anciano repasando fotos… Rita Neves cuenta que siempre vio a su padre como un viejo, lastrado por el peso de algo que ella no conoció y de lo que fue haciéndose una idea con el paso del tiempo, añadiendo a los retazos guardados en la memoria información sobre lo sucedido en aquel pasado dictatorial cuyas consecuencias también han sufrido los hijos de la democracia y, transversalmente, todo un país.

Existe desde hace tiempo en Portugal una fuerte corriente de revisionismo del pasado colonial que se refleja en obras artísticas de diverso signo y formato. En la programación del 38º Festival de Almada coinciden este montaje y una obra escrita y dirigida por Rodrigo Francisco, Um gajo nunca mais é a mesma coisa, que exploran desde postulados y modos diferentes ese territorio acribillado por antiguas cicatrices mal cerradas. El de Rita Neves alude a la política sin ser un espectáculo de sesgo unívocamente político, huye de maniqueísmos y moralidades mostrencas, cita la violencia de la guerra pero también la ejercida sobre aquellos que fueron enviados a combatir en ella y a los que “les fue negada la propiedad de sus cuerpos”, no se entrega a un cuestionamiento feroz de lo ocurrido pero ofrece un catálogo de heridas físicas y emocionales a partir de la experiencia de su padre. 

Con el auxilio de Patricia Couveiro, que le da réplica en algunos momentos y maneja la mesa de efectos, Neves, que vive y no solo en modo figurado lo que interpreta, se apoya expresivamente en el latido de lo autoficcional y la trepidación de lo performático para desarrollar un espectáculo desigual con escenas contundentes bien conseguidas, aunque también con bastantes tiempos muertos y reiteraciones; una apuesta que no llega a enganchar del todo.

La protagonista sumergida en la selva de su memoria (Foto: Rui Pires / Festival de Almada)

Adiós a Almada

La programación del festival se desarrolla entre el 2 y el 25 de este mes, pero yo debo ya partir. No me resisto a reproducir un pequeño texto que me han solicitado para el boletín diario del certamen y en el que, bajo el título de Un difícil equilibrio, hablo del carácter singular de esta cita teatral:

“Lo grande y lo pequeño (en términos de tamaño, no de ambición), lo lejano y lo próximo, lo clásico y lo contemporáneo, lo convencional y lo experimental, la danza y el teatro… Un festival es libre de perfilar su carácter aproximándose de forma expresa a alguno de estos conceptos para especializarse en esa materia en concreto. El Festival de Almada hace del eclecticismo su mejor bandera. Desde que yo tuve noticias de él, hace ya unos cuantos años, me pareció muy sugerente el esfuerzo de sus gestores para atraer algunas de las apuestas más atractivas del panorama internacional y, a la vez, abrir las puertas a los más interesantes creadores portugueses. Un equilibrio muy difícil de lograr aunando diversidad y calidad.

Observen, por ejemplo, la programación de esta 38ª edición del certamen y podrán advertir cómo se cumple esta impresión. En ella se codean los nombres de Eurípides, De Filippo, Pasolini, Bergman, Joyce, Alfred de Musset, Édouard Louis, Ivo van Hove y Josef Nadj, por citar algunos, con los de Rodrigo Francisco, Rita Neves, Carla Galvão, Sara de Castro, Cleo Diára, Sónia Baptista, Chico Diaz, Rogério de Carvalho y Alberto Pimenta, entre otros. 

Pienso que, de alguna manera, el teatro es todo uno, de Sófocles a Beckett, un cuerpo vivo en perpetua transformación sin renunciar a sus raíces. El Festival de Almada es un ejemplo. Felicidades por ello y por el detalle tan hermoso de acercar lo universal a nuestra escala humana”. 

Título: Corpo suspenso. Concepción y dirección: Rita Neves. Texto: Patricia Couveiro. Iluminación y sonido: Gonçalo Alegria. Fotografía y vídeo: Mafalda Mendes. Apoyo en la dramaturgia: Rui Pires. Concepción plástica: Tiago Vieira. Producción: Xana Lagusi y Rui Pires. Creación e interpretación: Rita Neves y Patricia Couveiro. 38º Festival de Almada. Salão de Festas Incrível Almadense. Almada. 12 de julio de 2021.

 

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Juan Ignacio García Garzón es uno de los nombres que me habitan (o que habito, vaya usted a saber). Como tal espécimen, nací y vivo en Madrid, donde ejerzo la profesión periodística desde hace más de tres décadas, que ya son años. En tiempos pretéritos trabajé en Radio Exterior de España (RNE), la Agencia EFE y la cadena radiofónica COPE, no simultáneamente. En el diario ABC, he sido redactor jefe de la revista dominical Blanco y Negro, las secciones de Cultura y Espectáculos, y su suplemento cultural, además de crítico teatral.   He publicado dos libros biográficos: “Lola Flores. El volcán y la brisa” (2002 y 2007), y “Paco Rabal. Aquí un amigo” (2004), con el que obtuve el II Premio Algaba de Biografías, Autobiografías y Memorias, y el volumen de análisis cinematográfico “Cary Grant. RKO Films” (2009), además de alguna otra cosa sobre cine y teatro que se hace fatigoso enumerar. En 2009 fui agraciado con el premio Ciudad de Alcalá en su modalidad de Periodismo, que lleva el nombre de "Manuel Azaña", por el artículo “Si Hamlet fuera mujer”, publicado en ABCD las Artes y las Letras.   A veces, aunque hace ya tiempo que se hace el remolón, me visita un tipo que escribe poesía y firma como Juan Garzón. Pese a su ánimo remiso, este holgazán de la escuela Bartleby ha publicado cuatro libros de poemas: “Ejercicios de estilo” (1979), “Figuras y descripciones” (1984), “Imán” (1989) y “Principio de viaje” (2000).

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