Las joyas falsas

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Un hombre sólo ante el peligro no puede luchar contra lo público al servicio de la sicalipsis que ha acabado en el paro más hardcore, todo ello dirigido durante décadas por John Holmes y Rocco Siffredi.

 

Fraude masivo suena a terminología pornográfica. Como a lluvia dorada. Y es que se habla de dos mil millones desaparecidos. Al lado de esto, los de la Gürtel son unos pajilleros del estilo del hijo (y su criado) del marqués de Leguineche, que ya era Patrimonio Nacional. El onanismo adolescente contra la industria. Una cosa es echar algún polvo ilícito aquí y allá y por ello hacerse llamar don Vito, y otra montar un estudio del fornicio. Y en cadena. Imagínese qué crecimiento del PIB. Qué poderío, qué poderío. Fraude masivo es porno duro y tener acceso a él es, por cierto, según el presidente del Partido Popular Europeo, un logro de la UE. Eso es ponerse metas altas. O empinadas. De Marbella a los Ere y a los cursos es lo que va de los setenta al siglo veintiuno, lo mismo que del vello, o la abundancia, al depilado. Dilapidado, que se parece, es como se presenta ahora el fondo de los andaluces. Su Junta ejerce de productora de cine X (donde se mira a la UDEF como si fuera una liga de mujeres puritanas del Oeste) con todos esos ayuntamientos: un no parar hasta dos mil millones, dicen, como mínimo. Es para reírse de Gary Cooper y sus diez mil conquistas, pero un hombre sólo ante el peligro no puede luchar contra lo público al servicio de la sicalipsis que ha acabado en el paro más hardcore, todo ello dirigido durante décadas por John Holmes y Rocco Siffredi, que naturalmente son nombres artísticos. Uno se acuerda de las joyas falsas de la señora Santin, en el cuento de Maupassant, y de cómo descubre el marido, a su muerte, que no eran tales dándose con su venta después noches de fulanas. De eso ya se sabía a cuenta de un director general y de su chófer: la superficie del iceberg sustentada bajo el agua por los siete octavos de su volumen, como la escritura de Hemingway. Fraude masivo ya está en el diccionario del porno, y a veces uno siente naúseas de borrachera al imaginar un ambiente de Boogie Nights en un despacho de Sevilla, en vez de en la casa con piscina de Burt Reynolds en el Valle de San Fernando.