‘Las leyes fundamentales de la estupidez humana’

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“La humanidad se encuentra –y sobre esto el acuerdo es unánime– en un estado deplorable. Ahora bien, no se trata de ninguna novedad. Si uno se atreve a mirar hacia atrás, se da cuenta de que siempre ha estado en una situación deplorable. El pesado fardo de desdichas y miserias que los seres humanos deben soportar, ya sea como individuos o como miembros de la sociedad organizada, es básicamente el resultado del modo extremadamente improbable –y me atrevería a decir estúpido– como fue organizada la vida desde sus comienzos.” (C. M. Cipolla, Las leyes fundamentales de la estupidez humana, Editorial Crítica, 2013, p. 9)

La compañía Vladimir Tzekov del artista Manuel Bonillo lleva a la escena del Teatro del Barrio el panfletario librito de filosofía satírica del economista y profesor universitario Carlo M. Cipolla. Objeto de despiadada crítica y burla será la estupidez humana y sus nefastas consecuencias en la organización de la sociedad y la redistribución de poder. Conservando el carácter didáctico-académico del libro. Los actores Raquel Cruz y Santiago del Hoyo escenifican una ponencia supuestamente científica intentando dar al público las claves para reconocer al estúpido de al lado.

No obstante, la fidelidad al texto del italiano –excepto por algunas referencias al contexto actual español y a sus protagonistas–, podría verse como una pieza performativa que une distintos campos artísticos, desde la música clásica y la lírica, y la gráfica publicitaria de la sociedad de masa, hasta llegar a un estilo teatral que quizás se acerca más al cabaret de aspiración brechtiana que al stand up de la tradición norteamericana.

Los lieder de Schubert interpretados con sublime control vocal por la soprano Ruth González y el hábil piano del Manuel Bonillo se contraponen a los intervalos de proyección de imágenes de gente feliz y estúpida. La nostálgica y melancólica atmósfera de la Selva Negra alemana de las composiciones del músico austriaco contrasta con la melodía estridente del vídeo, y despierta en el espectador el fastidio irritante y cínico hacia la estúpida y vacía felicidad. Las imágenes chillonas se repiten una y otra vez, como en una versión pop y vulgar de las mejores escenas de Fellini.

Con las luces aún apagadas y los actores fuera de escena, lo primero que recordé al escuchar la música fue una película de Mario Monicelli, L’armata Brancaleone (1966), en particular la escena famosa de la marcha triunfal hacia la batalla. De clara inspiración quijotesca, la voz alta y profunda de Vittorio Gassman, con la peluca descompuesta y la ropa rasgada, incita a los cuatro individuos excéntricos de la gloriosa armada con un monólogo de sublime factura lingüística, una mezcla brillante e hilarante entre latín, italiano vulgar y groserías dialectales modernas.

Y, sin embargo, el espectáculo de Manuel Bonillo poco tiene que ver con la mirada del director italiano. La sátira de Monicelli era despiadada, eso es cierto, porque su sensibilidad era aguda y a la vez severa. Y si había espacio para la risa, de una risa muy amarga se trataba. Aquí, al contrario, la risa es más suave, el cinismo más chillón y la burla más estrambótica. Sorprende incluso la comicidad sádica del final: al público le va a encantar.

Dónde: Teatro del Barrio, Madrid

Cuándo: Hasta el 21 de octubre

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