Las Mininas

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Las Mininas

 

 

El perro ladra.
El gato magulla (solo hay que fijarse en las manos de los dueños).
Y el elefante barrita de chocolate con cacahuetes.

 

   Los felinos son animales desconfiados. Por ejemplo, si llaman a la puerta siempre miran a través de la minina antes de abrir y, como bien reflejan las noticias de sucesos, esperan a que te mueras para comerte (a veces el gato se pone las botas). Por eso es mejor comprarse un perro, él nunca lo haría. Sí se ha dado un único caso en la Historia en el que se aúnan las cualidades de felinos y cánidos: Catwoman, que es un poco perra.

 

   Por mucho que le busquemos el traspiés al gato es imposible, siempre caen de pie. Qué chulería ¡ni que fueran de Madriz!

 

   Talismanes mágicos, seres mitológicos y eternos de nueve vidas, con el poder de producir bolas de pelo. Lo máximo que he conseguido yo es que me crezca pelusa en el ombligo y casi me hernio del esfuerzo.

 

   Los gatos beben Mahou aunque luego tengan que ir a cuatro patas hasta casa, y de noche prefieren pasar el gato ronroneando añejo hasta el amanecer.

 

   ¡Y un whiskas con hielo, por favor!

 

  Ay, los gatunos…  últimamente son un complemento más del eterno soltero. Independientes y ágiles llegan a los recovecos donde el plumero se queda corto. Ahora bien, el que realmente quiere ligar se pasea con un perro. Y aunque tengan fama de infieles, lo cierto es que siempre van en parejas como Gargamel y Azrael, Tom y Jerry, Rasca y Pica, Garfield y la lasaña,… Y existen otros muchos famosos: Las Mininas, Doraemon, Gattuso, Fellini, y mi favorito, Sergio Leone y sus películas de gatillo fácil. Quizás el más temido, del que ningún hombre ni mujer quiere hablar. Ese que te deja triste y azul escondido bajo las sábanas: el gatillazo.


 

Si tuviera un título noveliario sería de suspense o de humor y si pudiera viejar me gustaría llegar a los 90 con buena salud. Mi madre siempre me regañaba por ser un optimista, no por ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino por creer que podía beber directamente de la botella. También desde pequeño empecé a desarrollar el gusto por la música, ya que carezco de oído y tacto para tocar cualquier instrumento. Me confieso disléxico habitual, de los que van al cine a leer y devora los bocadillos de los cómics. Así que, bienavenidos a este viaje en blogo porque la realidad que nos rodea es diferente según el cristal con el que se mira, pero quizá, haciendo la vista gorda, podamos verla sin cristal. Por tanto, lo que nos queda es tomarnos la vida con mucho rumor, que la certeza absoluta nunca la vamos a tener e, iluminados por la lámpara del genio, veamos las coincidencias y las coinfusiones cotidianas. Que ustedes lo pacen bien.