Las ocho razones por las que el capitalismo se está muriendo

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Jorge Riechman acaba de publicar Moderar Extremistán. Sobre el futuro del capitalismo en la crisis civilizatoria. Tomamos prestadas las ocho razones que explican la crisis del capitalismo.

 

Ha sido un gran acierto. El mayor de la semana. Leer Moderar Extremistán. Sobre el futuro del capitalismo en la crisis civilizatoria, de Jorge Riechmann, coincidiendo con la celebración de la Cumbre del Clima en Nueva York, ese gran paripé. Porque Riechman dice cosas como ésta: «No se puede hablar de crisis ecológica sin hablar de capitalismo» o «el capitalismo no sólo es incompatible con la democracia, también lo es con la sustentabilidad» o «sin poner en entredicho la acumulación de capital, el discurso sobre la sostenibilidad es ‘sosteniblablablá'».

 

Propone un «ecosocialismo concebido como regulación racional del metabolismo entre naturaleza y sociedad». Y denuncia «la ética como encubrimiento: los problemas sociopolíticos (como, en este caso, los medioambientales) se redefinen como cuestiones personales para condenar a la impotencia a los individuos aislados». No por mucho reciclar cada uno en nuestra casa vamos a retrasar en un minuto el momento de la destrucción final del planeta Tierra.

 

Pero lo que más nos ha gustado del libro de Riechmann ha sido su lista de ocho contradicciones que sufre el capitalismo y que anuncian su próxima destrucción. Se las vamos a tomar prestadas no sin antes recomendar un editorial de Financial Times, el publicado el 25 de septiembre, en el que se reconocía, quizás veladamente, que el sistema económico actual está llegando al límite. Y es que el editorialista aboga por una actualización de la enseñanza de Economía en la Universidad. Aunque tal revisión se limitaría a una aproximación pluralista a esta disciplina (desde Hayek hasta Marx). ¡Cuántos amigos dejaron la carrera de Económicas por considerar que lo que les obligaban a aprender era mero catecismo capitalista!

 

Pero vayamos con las ocho contradicciones que Riechmann ha encontrado en el capitalismo:

 

1. «Sin las luchas sociales que han contenido su destructividad, el capitalismo, en el plano económico, probablemente ya se habría eliminado a sí mismo». Al final, las luchas por la reducción de la jornada laboral y las medidas para mejorar el poder adquisitivo de los salarios han sido funcionales para el capitalismo, porque han permitido mitigar el desempleo y absorber la creciente producción. «Las irracionalidades de la organización capitalista de la producción han sido corregidas mal que bien por la resistencia permanente de los trabajadores». Riechman toma prestada esta frase a Castoriadis. El Estado del Bienestar fue una concesión que legitimó el sistema capitalista y le permitió seguir creciendo. 

 

2. «El capitalismo sólo ha podido funcionar porque ha heredado una serie de tipos antropológicos que él no ha creado, y que no puede crear: jueces incorruptibles, weberianos funcionarios íntegros, maestros y médicos consagrados a su profesión… Pero hoy asistimos a la destrucción de estos tipos antropológicos que han posibilitado la la existencia misma del sistema». ¿Quiere decir aquí Riechmann que la corrupción ya lo invade todo?, ¿o denuncia que lo público, que fue una garantía para la supervivencia del sistema capitalista, se está desmantelando, lo que puede ser un paso hasta necesario para la caída del capitalismo? No queda claro.

 

Si quien critica lo público por burocrático, el autor utiliza ese adjetivo para explicar el funcionamiento actual de la empresa privada. «El único tipo antropológico creado por el capitalismo, y que al principio le era indispensable para establecerse, fue el empresario schumpeteriano: persona apasionada por la creación de esa nueva institución histórica, la empresa, y por su constante ampliación mediante la introducción de nuevas tecnologías y nuevas técnicas de mercado». Pero ese empresario está desapareciendo: «El empresario es sustituido por una burocracia empresarial; en cuanto al hacer dinero, las especulaciones en la Bolsa, las operaciones financieras reportan mucho más que las actividades ‘empresariales'».

 

Riechman entiende como limitación del capitalismo que los altos ejecutivos, que los que mandan, que los que determinan el futuro del sistema, estén, no preocupados por encontrar nuevos nichos de negocio, por vender más, por producir más, por buscar nuevos mercados, sino por tener éxito en operaciones financieras que sólo generan valor para quienes especulan, pero no para la economía real.

 

3. «La tendencia a largo plazo del capitalismo a automatizar la producción, aumentando constantemente la productividad del trabajo humano disminuye las bases para la propia reproducción exitosa del sistema». La robotización de los procesos productivos, que va más allá de la introducción de la máquina, lejos de ser un avance para el capitalismo, ayuda a agravar sus contradicciones. El trabajo vivo pierde peso a favor de un aparato productivo mecanizado que no es otra cosa, dice Riechmann, que trabajo muerto. La fuerza de trabajo viva llega a unos niveles de infrautilización alarmantes (las elevadas tasas de paro se cronifican) y la poca que sigue ocupada lo está con unos salarios bajísimos, por su lógica pérdida de valor.

 

Aquí Riechmann echa mano de Emilio Santiago Muiño y de su obra Colapso capitalista y reencantamiento civilizatorio cuando dice: “Desde los años setenta del siglo XX el capitalismo ha cruzado un umbral de evolución técnica que lo vuelve demasiado desarrollado para sus propias formas sociales. La causa última es la introducción de la robótica y la microelectrónica como factores de producción tan ahorradores de trabajo que el trabajo mismo se está volviendo algo obsoleto (…) Hoy apenas hace falta trabajo para mantener el sistema productivo funcionando y en un futuro (…) todo el proceso productivo será controlado por las máquinas y los trabajadores, salvo algunos puestos de élite, vivirán en el subempleo permanente”.

 

Continúa Riechmann con la cita de Santiago Muiño que resumiremos. A su juicio, vivimos este proceso de reducción del uso de la fuerza humana de trabajo desde los últimos cuarenta años. No ha sido excesivamente visible hasta los últimos años porque se ha visto mitigado por la apertura de nuevos mercados (los de la antigua URSS y los asiáticos, por ejemplo). Pero esta situación, que es, en realidad, una prórroga, tiene fecha de caducidad y lo que le queda por delante al capitalismo es adaptarse a una cercana e imparable tendencia a la baja de los beneficios. ¿Por qué? Sin trabajo bien remunerado, sin trabajo, en definitiva, el sistema se cae: no hay quien consuma. Y catastróficamente, como hemos visto en la última crisis financiera: “Como la economía real ya no es rentable, todas las inversiones se desplazan a la multiplicación financiera de los panes y los peces, que lejos de ser un milagro ha demostrado no ser más que una trampa, que hoy se desploma sobre nosotros en un juego de las sillas perverso, donde hay mucho más dinero inventado que riqueza material sobre la que sentarse cuando se para la música”.

 

Quizás Carlos Slim se haya quedado corto con la propuesta sobre la que reflexionaba el otro día Luis Racionero en La Vanguardia.

 

4. Otro de los elementos que explica la crisis sistémica del capitalismo se encuentra en la tendencia a la baja de la demanda de los bienes manufacturados, que es a los que están asociados importantes ganancias de productividad del trabajo, a cambio de una demanda al alza de los servicios colectivos, con menor valor añadido.

 

5. A todas estas limitaciones ligadas al propio modelo económico capitalista, hay que sumar sus externalidades negativas en forma de costes sociales y ecológicos. Son facturas sin pagar como las que deja con quienes realizan trabajos gratuitos, como el doméstico o los de cuidados de mayores o niños.

 

Las tres últimas contradicciones las toma Riechmann de Wallerstein:

 

6. La desruralización del mundo provoca que se fortalezca el ejército laboral. Aumenta el poder de negociación de los trabajadores a nivel mundial. ¿Increíble? No. Es, precisamente, lo que está sucediendo en China. De ahí que los líderes chinos estén intentando cambiar de base a su economía: de sostener el crecimiento en las exportaciones, ahora están intentando que sea el consumo interno el que lo logre. Y es que son más de 1.200 millones de consumidores que cada vez tendrán mejores salarios porque sus luchas sindicales, en algunos casos, están teniendo éxito.

 

7. El incremento del gasto público por las demandas de los trabajadores y, últimamente, sobre todo del capital financiero, reduce los beneficios de las empresas. No sólo porque para financiarlo se requieren aumentos de impuestos. También porque los bancos en muchas ocasiones escogen prestar a los Estados, porque se trata de operaciones más seguras, antes que las actividades de las empresas privadas. 

 

8. El agravamiento de la crisis ecológica exige medidas de reparación y prevención a las que cada vez se tendrá que destinar una proporción del beneficio empresarial. Otra mordida a las plusvalías.

 

Son todos factores que nos hablan de que se está frenando el proceso de acumulación capitalista. Porque no es que Riechmann considere que se va a acabar el capitalismo de manera inmediata. Lo que prevé es que se abra un largo periodo en que este modelo proporcione rendimientos decrecientes. Pero el capitalismo no se autodestruirá. No es sólo un modelo económico, sino que también es un conjunto de relaciones sociales y éstas sólo pueden ser cuestionadas por la iniciativa de fuerzas sociales decididas a superarlas. Aquí Riechman cita a Michel Husson.

 

Hemos desvelado una pequeña parte del libro. Y pedimos perdón. Pero nos defendemos afirmando que no ha sido la fundamental, la que le da el título. Porque quien ha llegado hasta aquí todavía no sabe qué es Extremistán, ni las recetas que nos da el autor para moderarla. O que también habla de nuestra era como la de la «Gran Desproporción». Y, además, da la respuesta a la gran pregunta: ¿Han nacido las fuerzas sociales decididas a superar las contradicciones del capitalismo para crear un mundo nuevo? También habla de ética. Y nos da un consejo: asustémonos de nosotros mismos y no despreciemos al otro.

 

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