Las placas de Walter Cronkite ‘& that’s the way it is’

0
240

 

El valor del Periodismo es un valor añadido en los Estados Unidos, tal vez sea por la intensidad con la que se vive o porque tienen incrustado en el ADN norteamericano el poder de la libertad de prensa, de expresión y de pensamiento. Los periodistas, con una gran trayectoria profesional, no sólo son valorados sino que son reconocidos y conmemorados con placas y estatuas. Algo que no sucede en todos los países. Si en Ponferrada hay una estatua conmemorativa a Luis del Olmo, en Chicago, por ejemplo, uno se encuentra varias estatuas de periodistas, una de Jack Brokhouse y, no sólo una estatua sino que restaurantes también con el nombre de Harry Caray, el legendario reportero de baseball de radio y televisión. En la UT, entonces, encontraremos una plaza dedicada a Walter Cronkite. 4 placas con 4 mensajes en diferentes columnas, donde los estudiantes de periodismo pueden leer cada mañana las 4 reglas de oro por las que habría de regirse un buen periodista.

 

‘That’s the way it is’

 

Y así son las cosas. And that’s the way it is. La frase favorita de Cronkite cada vez que tenía que despedir a su audiencia una vez que finalizaba el CBS Evening News. Así son las cosas, una leyenda americana del periodismo televisivo, antorcha del CBS durante 19 años, desde 1962 hasta su jubilación en 1981, una leyenda que no terminó la carrera de Periodismo en la University de Texas (UT) en Austin y, que en una entrevista, reconoce faltar a clases. Deja sus estudios en la primavera de 1935 porque decide apostar por el trabajo como periodista en el Houston Press. Así lo explica en una entrevista concedida al profesor de Historia de América de la UT, Don Carleton. Al ser preguntado por qué elige la UT como Universidad donde formarse, Cronkite reconoce que su real motivación para acudir a Austin fue su interés en el periodismo. Tenía la determinación de ser un reportero y pensó en el programa de periodismo de la Universidad de Texas. Además de su profundo interés en política. Austin, la capital del Estado, y la UT, poseedora de un periódico de estudiantes donde hacer prácticas, The Daily Texan.

 

Hoy, en la School of Journalism de Austin le recuerdan con estas placas conmemorativas donde se desgranan destellos de la biografía del ‘the most trusted man in America’, un periodista de sangre. El historiador Douglas Brinkley se ha atrevido a profundizar en su vida con una extensa biografía publicada a finales del mes de mayo. Cronkite, un libro de 819 páginas para un periodista que dejó huella en la historia del periodismo estadounidense. En una de las placas conmemorativa de la Walter Cronkite Plaza podemos leer la siguiente minibio:

 

Walter Leland Crokinte, Jr. (Class of 1935) nació un 4 de noviembre, 1916, en San José (Missouri). Siendo adolescente, su familia se trasladó a Houston donde empezó a trabajar para The Houston Post. Asistió a la Universidad de Texas en Austin, donde estudió ciencia política, economía y periodismo mientras trabajaba en The Daily Texan. Desde 1962 hasta 1981 fue la antorcha y el editor del CBS Evening News, donde informó a los televidentes mediante los triunfos y las tragedias nacionales. Muere un 17 de julio de 2009 en su casa de New York a la edad de 92 años. Sobre todo, él abrazó cuatro puntos cardinales en el periodismo…

 

4 máximas para el recuerdo de Cronkite


Placas entre dos edificios que sostienen 4 máximas del periodismo que todo informador debería grabarse en la memoria, acompañados de fragmentos biográficos. Son 4 reglas de oro que todos los que se dedican al mundo del periodismo y de la comunicación deberían tener presente: Coraje (courage), integridad (integrity), precisión (accuracy) e independencia (independence).

 

 

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.