Las revoluciones de Xenakis resuenan en Lisboa

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Hubiera sido más difícil para el compositor, arquitecto, ingeniero, aficionado a las matemáticas y la informática griego Iannis Xenakis soportar las penurias de la resistencia contra los nazis sin un libro con fragmentos de Platón que iluminaba sus días y sus noches. Ese ejemplar es una de las piezas imprescindibles de Révolutions Xenakis. Coproducida con la Philharmonie de París, y comisariada por Thierry Maniguet, perito en organología y música, y Mâkhi Xenakis, diseñadora, escultora y escritora, además de hija y única descendiente de compositor nacido en Braila, en Rumanía, y muerto en el año 2001 en París, ya convertido en ciudadano francés, celebra las múltiples facetas de uno de los artistas más fértiles de la segunda mitad del siglo XX. Xenakis sostuvo con el arquitecto Le Corbusier una relación tan estimulante como controvertida, y que tras una docena de años acabó descarrilando por una cuestión de autoría relacionada con el espacio que co-crearon para el Pabellón Phillips en la Exposición Universal de Bruselas de 1958, en la que arquitectura y espacio lograron crear un sonido como espacio (concebía la arquitectura y el sonido como disciplinas hermanas), y atrajo a un público fascinado por un experiencia artística inmersiva. Apasionado por la antigüedad griega, “nacido veinticinco siglos tarde”, como él mismo decía, Xenakis fue un creador al frente de la modernidad más radical y uno de los ideólogos de las “masas sonoras”, que desarrolló. Según su hija, en declaraciones al diario portugués Público, “se refería también a la guerra, al sonido de las balas, a los gritos y a los silencios. Pero también a las manifestaciones en Atenas en las que había masas sonoras de consignas políticas. Trágico, pero también fascinante para él. No se trata tan solo de cosas que vienen de la nada. Son cosas que él vivió”. Perseguido y condenado a muerte por la Grecia de los coroneles, se exilió en Francia durante los 27 años que duró la dictadura, y allí trabó contacto con el compositor Olivier Messiaen, que lo acogió como alumno y a quien Xenakis se referirá siempre como “maestro”. La naturaleza fue otra de sus grandes maestras, fascinado por sus propias masas sonoras, como la lluvia, el granizo, los pájaros o las cigarras. Esta exposición se enmarca en las conmemoraciones del centenario del compositor y sus seminales arquitecturas de sonido. Xenakis fue pionero en varios campos, como la música electroacústica o la música por ordenador. Sus espectáculos de luz y sonido conquistaron a un vasto público y la vitalidad de su portafolio, compuesto por casi 150 obras, nunca se ha desvanecido.

Dónde: Fundación Calouste Gulbenkian, Lisboa

Cuándo: Hasta el 27 de marzo, 2023

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