Law & order: No era cosa de películas

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«First, you have a chance, second, pay $500, and third, return to Spain». «Primero, tienes una oportunidad, segundo, paga 500 dólares y, tercero, vuelta a España en avión». «Pues si tengo que volver a España, no regreso más a este país», fue mi respuesta rápida en inglés.

 

Esta fue la conversación con un policía de dos metros, que me señalaba con el dedo mientras dictaba sentencia y me miraba a los ojos sin contemplaciones. Sí, por segunda vez retenida en la aduana y el welcome to US con sabor amargo. De nuevo, faltaba un documento que verificara mi visado de no inmigrante, así que el aeropuerto de Dallas volvía a convertirse en una pesadilla después de 11 interminables horas de vuelo y una escala por hacer hasta llegar a Austin. Despiste y desconocimiento que, por esta vez, se salda con una indulgencia plenaria.

 

Viajar entraña toparse, sin querer, con un largo ecétera de anécdotas,  hay que enfrentar obstáculos y estar dispuesto a respirar hondo a pesar del agotamiento. Paciencia, no era más que el inicio de otro viaje.

 

La típica expresión «Don’t mess with Texas» bien pudiera extrapolarse a un «Don’t mess with US«, que viene a decir algo así como «cuidado, no te metas con…«. Los que hayan viajado a Estados Unidos saben que es un país de enorme celo policial, además de resultar extremadamente riguroso, al menos para el ciudadano medio, en el cumplimiento de las normas. Law and order, ley y orden, como el título de una serie norteamericana.  

 

¿Será por la enorme afluencia de inmigrantes que atrae diariamente o por convertirse en el tercer país más poblado del mundo? Para intentar mantener a más de 300 millones de habitantes bajo control, se precisa una vigilancia férrea aunque ello suponga ralentizar el tiempo del visitante o del residente. Aquí, repetimos, las normas son las normas, y no hay quien pueda luchar en contra cuando has de seguir el procedimiento. La policía, más escandalosa, exagerada, hasta uniformada y equipada que en España, funciona con una eficacia asombrosa. «Pueden tardar 3 minutos en llegar a casa», me informa un vecino. ¡Cualquiera lo diría, casi mejor que el metro de Madrid! Incluso parece estar en todas partes, everywhere, blaugranas en vigilia sin ser del Barça pero metiendo goles a modo de multas. Sin prórrogas que valgan.

 

Así que, aquí en US, no es extraño comprobar cómo la política antiterrorista inunda los telediarios, con mensajes del estilo del Presidente Obama afirmando que «peace is hard» (la paz es dura y tan dura). Conocen el latinajo de Vegecio (siglo IV d.C.) de sobra, «si vis pacem para bellum». «Si quieres la paz, prepárate para la guerra». Sí, las normas son las normas y la militancia, de primer orden, cuyo gasto representa dos quintas partes a nivel mundial. Por eso, es tan normal, ver a jóvenes vestidos de militares, en el transporte público, en las calles o hasta en tu propio vecindario.

 

Entonces, uno se da cuenta que todo esto no era cosa de películas…

 

 

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.