Supone una cuestión recurrente en torno a la literatura la del miedo de los escritores ante la página en blanco, pero ¿cuál es la sensación contraria? Me refiero a la de situarse en el otro extremo del proceso, con el libro ya publicado en tus manos, cuando lo escrito ya no es una posibilidad sino una certeza, en un momento en el que se ha perdido el control y el lector puede ser tan dueño o más de ese texto y lo que irradia. ¿Y si, además, hay que recitarlo delante de una audiencia que te mira fijamente y esperando que las palabras tomen forman en ese mismo instante? No sé responder a todo esto, pero esa era el reto que el Colectivo Fuera de Lugar planteó a tres autoras y autores como Ana Griott, Pablo Martín Sánchez y Ángela Mallén, dentro del ciclo recién terminado En voz alta. El autor ante sus textos y celebrado en la librería pucelana La Perecquiana.
La primera intervención fue la de Ana Cristina Herreros, más conocida como Ana Griott, con una extensa carrera en el mundo del libro, no solo como escritora, sino también como editora y narradora oral. Todas esas facetas las ha integrado en su editorial Libros de las malas compañías, con un catálogo que, entre otras cosas, recorre el mundo para aunar las tradiciones orales de sitios tan alejados como China, Mozambique, España o Latinoamérica. Pero en la voz de Ana desaparece esa distancia, a través de un hilo que engarza todos esos lugares y que apela a una humanidad compartida. Porque en los cuentos que recitó, muchos de ellos de sus Cuentos de la Madre Muerte, se intuía una esencia similar, a la vez que en su manera tan enérgica como reposada de mirar al público, mover sus manos y entonar cada frase evocaba un eco que hacía trazable ese camino común.

Por otro lado, Pablo Martín Sánchez comentó que en nuestro país no es tan frecuente asistir a un evento para escuchar al autor si este es novelista y que, por tanto, la idea de participar le parecía un bonito y estimulante reto. Pablo no es solo escritor y entre otras muchas cosas (la lista daría para otro extenso artículo) su formación en arte dramático hizo que, de repente, apareciera de cuerpo presente ese anarquista de mismo nombre y que es protagonista de su primera novela. Además, el soberbio inicio de Tuyo es el mañana resonó como una conmoción y la lectura de Diario de un viejo cabezota y de Fricciones hizo vislumbrar un poco de esa literatura de juegos y magia de la que Pablo se alimenta a través del Oulipo. Fue solo una muestra de su obra, pero permitió demostrar algo en lo que creo y es que existen pocos escritores en España que sean más capaces de hacer de la escritura un ejercicio tan lúdico como profundamente riguroso y respetuoso con la materia con la que trabaja.

Y por último, Ángela Mallén, escritora de un carácter polifónico, como ella misma se define, sacó de su interior esa sensibilidad que la caracteriza y con la que consigue mirar más allá del mundo que la rodea. Todo lo que hace, desde la poesía al aforismo o el cuento, tiene algo de espiritual y esa emoción la vuelca en los textos para ofrecer una especie de sinestesia en la que se confunden formas, sonidos y colores. Al escucharla recitar, entre otros, uno de sus últimos libros, Hotel Milla Noventa, se hizo patente además la musicalidad de su obra, que suena cercana y entusiasta y que surge como una especie de literatura del afecto para brindar amparo y auxilio a quién se le acerca.

Fue la propia Ángela la que calificó a La Perecquiana, donde se ha desarrollado estas lecturas, como “una librería con librero”, que según ella es como encontrar “una perla en una ostra”. Rodrigo, su dueño, nos dice qué piensa de este ciclo (más adelante hablaremos con él para que cuente cómo están siendo estos primeros años de su negocio) : “Una de las mejores cosas de estos cuatro años de la librería y que espero dure mucho tiempo. El poder escuchar y tratar con escritoras y escritores de la talla de Ana Griott, Pablo Martín Sánchez o Ángela Mallén ha sido maravilloso. No solo por la calidad de sus obras, también por su calidad humana”. Esa misma calidez que le falta a la página en blanco y que ha hecho posible que las palabras hayan abandonado por un momento los libros para habitar en la voz de sus propios autores y emocionar a unos lectores convertidos por unos momentos en oyentes privilegiados.





