Lectura de tapas

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Leía siempre, siempre miraba y escuchaba, y su amor por las mentiras de los libros era indiscernible del que lo atraía hacia todos los pormenores de la realidad. Amaba las cosas por el simple hecho de verlas existir, pero no amaba menos lo que nunca había existido.

Las apariencias, Antonio M. Molina


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Cuando viajo nunca llevo un libro, los dejo en mi casa doblados, en las bibliotecas repartidas.

Porque el viaje es una lectura y escritura continua.

Al salir del ámbito del idioma español lo primero que hago es empezar a mirar fuera, fuera.

Y al llegar a Rabat (capital del Reino) empiezo a leer, leo todo, el alfabeto árabe, las palabras en francés.

Ahora soy un consumidor voraz de signos, pago el billete del autobús y leo el papel de cincuenta dirhams, el tique expedido al centro de la ciudad, la información bilingüe del interior del vehículo, la letra árabe de las matrículas. Sigo el recorrido de las letras de derecha a izquierda, una carrera de redondeles, lanzas y vuelos. Leo en francés y traduzco dentro de mí, leo en español dentro, dentro.

Sé por dónde ando.

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El medineo continuo, día y noche, por las viejas medinas de Rabat (recta, larga, viva, estrecha, baja, maravillosa, mudéjar, morisca, barrio de los Austrias de Madrid, Albayzín de Granada), Salé (en cuestas, culebrilla, en obras, pirata, viernes santo) y Casablanca (atestada, cambiante, observadora, negra) hace que no me encuentre.

¿Imagino o pienso errores, pienso erróneamente?

¿Es posible imaginar sin acierto?

¿Qué no existe?

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Echo de menos la lectura, lectura lenta, subrayada a lápiz, comprendida casi al completo, creadora, en mi lengua.

Un proverbio en árabe expresó que el viaje es la victoria.

Estoy ganando, estoy en el mundo, lejos, lejos.

Compro un periódico en francés (necesitaba leer mejor). Lo leo en el Majestic de Rabat, tomando un té.

Leo sobre la monarquía y Mohamed VI desde 1999, sobre la particularidad del Islam marroquí. Lo veo en el país. Me gusta esta otra orilla.

Va.

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Pero echo de menos leer en español.

Leer siempre.

Leer siempre es nuestra forma de leer (estar, ser, crear, creer) el mundo y querer escribirlo después.

De querer crear mundo.

De vuelta a la medina de Rabat, construida en el siglo XVII por españoles musulmanes expulsados por españoles cristianos, empiezo a leer las tapas de las alcantarillas (costumbre adquirida en la Península hace poco tiempo).

Siento que si no leo el suelo me voy a hundir, busco palabras que me sostengan por las calles.

Recuerdo la pesadilla escrita de Philip Roth, palabras en inglés se descuelgan del techo y bajan hasta él.

Sigo caminando.

Leo varias tapas de alcantarillas:

Meta Meca | Ville de Rabat

Me paro, alucinado. Acabo de leer algo escrito en español en Marruecos, en Rabat, en una tapa de alcantarilla:

Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo | Abastecimiento

*

Abastecido, texto redondo.

Podría pensar que leer las tapas de las alcantarillas es como leer la cubierta de lo que se oculta en las entrañas.

Pero no es verdad.

Fue una coincidencia encontrar esa lectura por los suelos de Rabat.

San Andrés del Rabanedo es un lugar de la provincia de León, España.


Relato fotográfico:

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El espíritu investigador que busca en la obra de sus predecesores las pistas, orientaciones, impasses, dificultades, descubrimientos, sugerencias que le permitirán caminar más tarde por su propio pie.

Disidencias, J. Goytisolo

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