Lenguaje patológico

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Recientemente unas declaraciones de Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, tuvieron una amplia repercusión en los medios de comunicación. En ellas mostraba su rechazo a la “anorexia” económica impuesta por los ajustes en Europa. Lo traigo a colación porque se trata de un ejemplo más de la utilización inadecuada de términos sanitarios que puede llevar a la confusión del público y a la estigmatización de los enfermos.

 

Recientemente unas declaraciones de Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, tuvieron una amplia repercusión en los medios de comunicación. En ellas mostraba su rechazo a la “anorexia” económica impuesta por los ajustes en Europa. Lo traigo a colación porque se trata de un ejemplo más de la utilización inadecuada de términos sanitarios que puede llevar a la confusión del público y a la estigmatización de los enfermos.

 

Fuera de las consultas, los medios de comunicación son los principales intermediarios entre  los profesionales de la salud y la sociedad, para explicar a los ciudadanos cómo seguir unos hábitos de vida saludable, dar a conocer enfermedades poco conocidas o presentar avances médicos. Pero a menudo el lenguaje de los propios periodistas en lugar de contribuir a la claridad de la información fomenta (sin quererlo) el propio sufrimiento de los pacientes y su entorno.

 

No es un caso que afecte sólo a la sección de salud de los medios (que al tratar estos asuntos están más familiarizados y sensibilizados con la terminología) sino que precisamente es mucho más habitual en el resto de secciones, como en noticias de política, sociedad e incluso deportes. En descargo de los periodistas hay que matizar que a menudo el error está en las propias fuentes que realizan las declaraciones que recogen esos medios, pero parte de la responsabilidad de los periodistas es no olvidar que sus lectores, oyentes o espectadores pueden verse afectados por esos titulares o informaciones.

 

Por ejemplo, el uso incorrecto o peyorativo de la palabra cáncer es algo que desde hace años denuncia la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), que en 2010 calculaba que se producía en un 15% de las declaraciones que eran recogidas por los medios de comunicación. Asociar una determinada patología con términos negativos (como en este ejemplo) y emplearla fuera de contexto puede llevar a la frustración y a la desesperanza de las personas que están sufriendo en ese momento la enfermedad.

 

Pero hay otro campo muy prolífico a la hora de generar titulares: las enfermedades mentales. En estos tiempos de crisis estamos tan acostumbrados a oír hablar de depresión económica o de la “esquizofrenia de los mercados”, que ya ni siquiera nos llaman la atención ni nos damos cuenta de la carga de negatividad que llevan asociadas todas estas patologías. El periodista no debería olvidar la realidad que hay detrás de cada enfermo, que tiene que enfrentarse cada día a los prejuicios, la incomprensión y el estigma social. Una manera de luchar contra ello es que los medios pongan su granito de arena evitando recurrir al léxico médico de forma sensacionalista e inadecuada. En el caso de las declaraciones, evidentemente no se trata de censurar o remodelar las palabras de las figuras políticas, deportivas, etc. que caigan en este error sino de no centrar el foco informativo en ellas. Por encima de un titular llamativo debe estar siempre el compromiso del periodista con sus lectores, entre los que estadísticamente tiene que haber personas que sufren una enfermedad directamente o en alguien cercano a ellos.