Libertad de expresión no es derecho a la información

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Gracias a las más de cien personas que hasta ahora han confiado en nuestro proyecto, estamos a sólo un paso de conseguir que nuestra investigación sobre las multinacionales españolas en América Latina salga adelante. Es un desafío y una aventura que ahora comienza, y que aún no sabemos muy bien hasta dónde nos llevará, porque una idea principal desde la que partimos es la de que la propia investigación nos vaya señalando los lugares y casos en los que debemos profundizar.

 

No me cansaré de repetir que, para mí, una democracia verdadera no es posible si no existen medios de comunicación independientes y honestos. Es un pilar, junto con el sistema educativo, indispensable para la configuración de un espíritu crítico, de ese “pensamiento libre” que tanto le gustaba recordar al pensador José Luis Sampedro, recientemente desaparecido. Ese Sampedro que agitó a los españoles para que se indignaran frente a la injusticia y el abuso; ese economista y humanista sí: pueden ir juntas esas dos palabras- que comparaba el momento actual, de corrupción y crisis de valores, con los últimos tiempos del Imperio romano.


Creo que la actual crisis del periodismo o tal vez de las empresas de comunicación- forma parte de esa crisis de valores. Los medios de comunicación se olvidaron en algún momento de que, antes que la archifamosa libertad de expresión, está el derecho a la información. Que antes del derecho de los periodistas a informar y opinar de lo que crean conveniente, está el derecho de los ciudadanos a recibir información rigurosa y completa de los hechos, pues, para muchas realidades que no abarcamos en nuestra vida cotidiana, el periodismo se impone como una ventana al mundo, que abre nuestra mirada o la cercena; que alimenta nuestro espíritu crítico o lo reduce al punto de convertirnos en agentes sociales altamente manipulables, luego funcionales al sistema. Bien decía Sampedro que, sin libre pensamiento, de poco sirve la libertad de expresión. Y esa diferencia, sustancial aunque pudiera parecer sutil, forma parte de esa perversión del término libertad que a menudo, en el discurso dominante, se reduce a la libertad de ciertos intereses económicos para campar a sus anchas.


Estamos muy cerca de lograr nuestro objetivo mínimo, pero aún lejos de alcanzar el presupuesto que calificamos de óptimo para realizar un trabajo de campo que arroje una visión general del comportamiento de las multinacionales españolas en América Latina. Por eso os pedimos que sigáis apoyándonos, sea con aportes económicos o colaborando con la divulgación de este proyecto; también os agradeceremos que, por este canal, nos hagáis llegar todas las sugerencias que tengáis que pudieran contribuir con nuestra investigación, tanto en los contenidos como en cuestiones más prácticas, desde la preparación de los viajes (Colombia, Ecuador, Chile y Bolivia están en nuestro punto de mira) como en otro tipo de cuestiones más mundanas -por ejemplo, algunas personas nos han reportado dificultades a la hora de efectuar el pago: nos será muy útil que nos hagáis llegar ese tipo de informaciones para ir resolviendo eventuales problemas.


Una y mil veces: ¡gracias a todos por apoyar este proyecto!

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.