Libia después de Gadafi

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Incluso los pesimistas estiman que el derrocamiento de Gadafi es cuestión de horas. Su régimen se ha hundido este fin de semana después de seis meses de guerra en los que se dudaba de que, a pesar de la intervención de la OTAN, el dictador pudiera tirar la toalla. Aún no lo ha hecho cuando escribimos estas líneas, pero su reinado de 42 años ha acabado.

 

La situación  en Libia, en estos momentos de euforia de la mayor parte de la población y de muchos gobiernos occidentales, es una incógnita. Si Gadafi no fuera atrapado y permaneciera oculto en el país en el seno de alguna tribu adicta la estabilidad libia se vería seriamente perturbada con violencia esporádica, pero mortífera. El país podría, por un período, colegimos, menor de tiempo, sufrir las zozobras que ha venido experimentando Irak. Es una posibilidad remota aunque no descartable.

 

El país puede entrar asimismo en un ajuste de cuentas entre los vencedores y los hasta ahora leales a Gzadafi. Problemática asimismo es la evolución política de esa nación. El Consejo Nacional de Transición, cuya composición es solo parcialmente conocida, anuncia un programa alentador. Se disolverá dentro de unos ocho meses después de permitir que se elija una asamblea y un gobierno interino que doten al país de una constitución. Esta carta fundamental se inspirará en la sharia o ley coránica, pero respetará las libertades, los derechos humanos, los partidos políticos, etcétera.

 

La revelación de los nombres de los 32 o 40 nombres que integran ese Consejo, discrepancia en el número ya curiosa, y en el que se dice que hay mujeres y personalidades, algo básico, tanto del Oeste como del Este del país puede ser reveladora. Por el momento se desconoce si, como parece, priman en él los conservadores o si los laicos tienen en él personas con fuerza.

 

Mientras tanto, el mundo va apresuradamente adaptándose al nuevo estado de cosas. Egipto, hecho significativo, reconoció ayer al nuevo gobierno. El venezolano Chávez es tal vez el único que continúa defendiendo al dictador libio y atacando estentóreamente a los “imperialistas” de la OTAN.

 

Inocencio F. Arias es un veterano diplomático y frecuente colaborador en los medios de información. Ha tenido cargos destacados con diferentes gobiernos: embajador en la ONU con el PP, Secretario de Estado y Subsecretario con el Gobierno anterior del PSOE y Portavoz del Ministerio de Exteriores con tres distintos ejecutivos de la democracia; UCD, PSOE y PP. En la ONU presidió el Comite Mundial contra el Terrorismo y la Asociación de Embajadores. Ha sido profesor en la Universidad Complutense y en la Carlos III de Madrid. En su única escapada a la empresa privada fue Director General del Real Madrid. Ha escrito libros: Confesiones de un Diplomático (Planeta) y Tres Mitos del Real Madrid(Plaza-Janes) y en colaboración con Eva Celada La Trastienda de la diplomacia (Plaza-Janes). A mediados de 2012 publicó también en Plaza y Janés Los Presidentes y la diplomacia. Me acosté con Suárez y me desperté con Zapatero que actualmente está en su tercera edición.