Llamada al éxodo rural

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Me asombra el contraste entre las noticias de China y Europa o Estados Unidos sobre el mercado laboral. Mientras en la prensa occidental leo que el paro aumenta, en la prensa china se alarman por la falta de mano de obra en las fábricas de Guangdong o los restaurantes de Beijing recién iniciado el Año del Tigre. Siendo una iniciada en el doble sentido que suele caracterizar al mensaje por estas latitudes, parece que estén incitando a un mayor éxodo rural, pues paralelamente también se publican estimaciones sobre el aumento de la población urbana y se abren debates sobre la situación de las empleadas del servicio doméstico, en su mayor parte chinas del ámbito rural o extranjeras de países más pobres de la región, y la necesidad de flexibilizar los trámites burocráticos para que los inmigrantes de las ciudades disfruten de los mismos derechos que los locales.

Durante las últimas décadas se reformó el rígido sistema de registro de la población, denominado hukou, pero los migrantes internos chinos aún siguen estando discriminados en las grandes ciudades. Sus hijos no tienen derecho a plaza en colegios públicos y a menudo se crean escuelas privadas destinadas a ese nicho que terminan siendo cerradas o demolidas por los intereses del mercado.

La brecha socioeconómica es cada vez mayor, sobre todo en las grandes ciudades, y muchos hogares de clase media y alta demandan chicas para el servicio doméstico, limpieza y crianza de los hijos. Éste se ha convertido en uno de los principales sectores de la migración femenina en la región. En China evidencia las diferencias entre el campo y la ciudad; y en la región, el flujo migratorio desde los países más pobres a los más ricos. A nivel regional, China se está convirtiendo en un foco de atracción de mujeres migrantes. En el servicio doméstico, por ejemplo, las empleadas filipinas son muy apreciadas porque muchas de ellas dominan el inglés y pueden enseñarle esa lengua a los niños que cuiden. Otras mujeres llegan al país para contraer matrimonio con hombres chinos, pues el desequilibrio de sexos en un país con arraigada tradición matrimonial ha elevado la demanda de esposas. Pero la desregulación de estos flujos migratorios internos e intrarregionales suele llevar a la explotación, incluso sexual, de las mujeres migrantes.

La mano de obra que se demanda es poco cualificada, pues estas noticias contrastan con otras que se publican regularmente sobre las dificultades que encuentran los jóvenes licenciados chinos para conseguir trabajo, especialmente las mujeres. Para buena parte de estas elites intelectuales el trabajo ideal estaría en una empresa extranjera, por eso muchos se esfuerzan por aprender lenguas. El inglés es una obsesión, pero también hay interés por el francés, el alemán, el español,…

Estos desequilibrios del mercado laboral chino llaman la atención. También resulta preocupante que se anime al éxodo rural cuando las infraestructuras urbanas son deficientes en servicios básicos como la gestión de residuos o el transporte público. Parece que los cambios seguirán siendo tan vertiginosos como durante los últimos años. Construcción, construcción, construcción,… y más población urbana y fabril.

Vigo, 1983. Licenciada en Periodismo y Especialista en Información Internacional y Países del Sur por la Universidad Complutense de Madrid. Tras experiencias académicas y profesionales en Madrid, Freiburg, Utrecht, Berlín y Londres, en 2008 llegó la ansiada oportunidad de ampliar horizontes en Asia. Cuatro meses antes de los Juegos Olímpicos me trasladé a Beijing con un visado de trabajo pero sin propósitos definidos, abierta al descubrimiento de un nuevo mundo, y aquí sigo, observando los cambios de una sociedad en constante transición que desafía mis neuronas constantemente.