Lluvia de piedras

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En esta comuna no llueve solo lluvia. Redundacia estúpida para señalar el diluvio de piedras que amarra estas precarias casas a esta letal existencia. Si no hubiera piedras el agua fluiría con su libertad innata, sin cortapisas humanas a su insistente manía de humedecer el desierto de esperanzas en el que se habita estas empinadas laderas. Aquí llueven piedras y las gentes se despeñan por las infinitas escaleras que Escher copió de Medellín y sus goteras.

Transitamos en estas comunas de violencia y mentiras como flaneurs que miran la pobreza ajena para tranquilizar las inseguridades propias. El éxito que vende la ciudad -esta Medellín de fachadas infinitas- con su Metro Cable que empina los cerros de la exclusión es un tranvía aéreo para no tener que mancharse de realidad. En una de estos barrios, Santo Domingo (Comuna 1), el Gobierno español gastó 6 millones de dólares y una visita real en una biblioteca de avanzada para demostrar su bondad con los de la periferia. Edificio impactante que le ha valido varios honoris causa al niño de papá Sergio Ramírez y que por dentro está tan vacío como nuestras propuestas para un mundo mejor.

¿Qué karma está pagando esta ciudad? ¿cuál es su destino? La violencia no se acaba con bibliotecas ni con subsidios, sino con justicia. Pero la justicia tiene que ver con el sistema y nadie, NADIE, quiere enfrentar esa realidad. El sistema que expulsa gente, el sistema que necesita que se produzca cocaína, el sistema que hace que en esta ciudad El Poblado sea una burbuja de niños pijos y tetas de silicona construida sobre la mugre que tiñe las caras de estos niños de Santo Domingo.

Medellín, ciudad maldita por los mitos y hundida por la realidad. Como toda Colombia, ahora cuenta una mentira de paz y tranquilidad aunque anoche mataran en las comunas a 10 o 12 muchachos. Son desechables, la nada, la prueba de la injusticia que nunca llegará al tribunal de la realidad. Si hay una lista de países que mienten, Colombia merece uno de los primeros puestos, ganado a pulso con la ayuda inestimable de la hipócrita Europa y la maquiavélica financiación de los patrones del Norte.

 

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.