Lola Palenzuela, armonizar el campo y la ciudad  

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(Alcalá de Henares. Comerciante, murió a los 71 años el 25 de marzo). El 24 de marzo de 1996 falleció Eusebio Palenzuela Velázquez, hermano de Monseñor Antonio Palenzuela, obispo de Segovia entre los años 1969 y 1995. Días después, en el semanal alcalaíno Puerta de Madrid, se publicaba Eusebio Palenzuela in memoriam, un homenaje al que fuera profesor de muchas generaciones y referente educativo de Alcalá de Henares. El pasado 25 de marzo el destino quiso, veinticuatro años y un día después, que falleciera su hija María Dolores víctima del COVID-19 a una semana escasa de cumplir 72 años. Días después se publica el presente artículo en FronteraD, como homenaje a una mujer comprometida con su entorno y con los suyos. Lola, o Mariloli, como también se la conocía, era la mayor de nueve hermanos de la familia formada por Eusebio y su esposa Benedicta Martín Sobrino. Creció rodeada de libros, una de sus grandes pasiones. Estudió sus primeros años en el Colegio Filipense de Alcalá de Henares, recibiendo recientemente con grandísimo orgullo y mayor gozo el título de Filipense Laica de honor. Posteriormente cursó la carrera de biología en la Universidad Complutense de Madrid. Hasta entonces, en su afán por la enseñanza y la cultura, compaginó sus estudios impartiendo clases particulares y co-fundando el vídeoclub Nebrija hace ya 50 años este 2020. De su matrimonio con Tomás García Flores nacieron sus cuatro hijos, todos universitarios, educados en la igualdad de oportunidades, obligaciones y derechos sin distinción de su género, y que les proporcionaron otros cuatro nietos. Todos ellos fueron su gran pasión, junto a sus hermanos, sus padres, familiares y amigos. Pero además pudo hacer otras muchas cosas más que ser una gran esposa, hija, hermana, amiga y una abnegada madre y abuela. La casualidad hizo que Lola tuviera que coger las riendas de Agricojardín, el negocio que inició su marido –perito agrícola– en el ramo de la agricultura, ya que este decidió orientar sus pasos profesionales a la Administración del Estado, concretamente en el Servicio de Extensión Agraria. Regentó Agricojardín durante sus más de cuarenta años de vida profesional. Mujer en un mundo de hombres, se hizo respetar, no sin mucho esfuerzo y después de muchos años, por agricultores que entraban preguntando por el jefe, cuando la jefa era ella. No solo consiguió el respeto, sino que los consiguió formar en el uso de los productos fitosanitarios. Con mucha pedagogía y tesón puso su granito de arena en la modernización de la agricultura y jardinería en la comarca. De la necesidad de reivindicar derechos ciudadanos por la deplorable situación del casco histórico de Alcalá en los últimos años de la década de los 80 del siglo pasado, surgió en la trastienda de Agricojardín la Asociación de Vecinos del Distrito Centro –Cardenal Cisneros en su origen– de la que, entre otros muchos vecinos, Lola y Tomás fueron parte impulsora y fundadora. Lola asumió la presidencia de la sociedad. Es en ese momento cuando comienza su faceta más pública, principalmente enfocada tanto en intentar que se respetase el derecho al descanso nocturno de los vecinos en una época en la que la vida en el Centro de Alcalá era especialmente ruidosa, así como en la lucha a favor la peatonalización del casco histórico. En los últimos años su faceta más pública estuvo orientada a la participación en el Consejo de Patrimonio de la ciudad de Alcalá, una manera de contribuir a conseguir una ciudad mejor, preservando su patrimonio, al igual que hicieron los fundadores de la Sociedad de Condueños de los Edificios que fueron Universidad, allá por 1851, para  proteger del expolio el patrimonio complutense, Sociedad de la que Lola poseía una lámina –acción–.Además, su opinión fue requerida en no pocas ocasiones por las más altas instituciones alcalaínas en asuntos vecinales. Y si en su vida profesional y en su vida pública no escatimó esfuerzo alguno, en su vida más íntima fue una persona que le gustó entregarse en cuerpo y alma a los suyos. Anfitriona increíble de familiares y amigos junto a su inseparable Tomás, ambos tremendamente comprometidos en la unidad de la familia. Gran conversadora, sabía escuchar y aconsejar, curiosa, que hubiera viajado más de haber tenido oportunidad y ávida de saber hasta límites insospechados. Lola Palenzuela fue ante todo una mujer entregada a los demás en todas las facetas de su vida. Deja como legado su participación de forma totalmente altruista para conseguir una ciudad más humana y la consecución de una gran familia unida. Descanse en paz. De tu marido y tus hijos.

 

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