Los atletas de la mudanza

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Que las puertas de Don Pedro 7 fuesen más bajas que sus habitantes, les obligaba a bajar la cabeza, cada vez que cambiaban de cuarto en su propia casa. Lo que comenzó siendo una suerte de paradoja humillante, terminó convirtiéndose en una experiencia sintoísta.

 

En estos templos animistas japoneses, los quicios de las puertas resultan siempre inferiores a la estatura media de los monjes. Se suponía que teniendo que agachar repetidamente la cabeza, reverenciaban con ese gesto de humildad a la divina Naturaleza.

 

El cuadro lo pintó José Luis Raymond en su etapa holandesa. La mesa baja era de La Oca; el escabel de formas prosopopéyicas, herencia en vida de Adela Escartín; la alfombra fue regalo de Juanma, quien pasara tantas horas maquetando en aquella casa; el reloj de cuco, regalo de mi madre, rememorando nuestro viejo cuco suizo de Ceuta.

 

Las primeras cajas de libros que se empaquetaron para la mudanza, se fueron apilando en el salón de la buhardilla. Para que no estuvieran tan tristes como en una consigna, se las decoró con fotocopias y fotos de atletas escasos de ropa. Era  el mes de Julio, y las jornadas resultaban tan calurosas, que había que desnudar hasta las mismas casas,  e incluso a las fotografías.

 

El futbolista Luis Figo y el discóbolo olímpico-murciano Antonio Peñalver, fueron los primeros invitados (junto a un tarzanito del Hollywood de los años 30, y el bailaor Antonio Márquez,) a reinar desnudos sobre los contenedores de libros de aquel último verano de Don Pedro.

 

 

Fotomontaje: Juan Antonio Vizcaíno

Madrid. Julio. 1995