Los baños de los teatros VII – El Teatro Valle Inclán

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Nueva entrega de Los baños de los teatros. En esta ocasión, el Teatro Valle Inclán.

 

A petición de Guadalupe Valero (que es asidua a esta sección) acudo al teatro Valle Inclán para hacer un reportaje de sus baños, ya que, como sabéis, en El Gallinero nos acercamos a los teatros madrileños también a través de sus baños.

 

Bien, pues salgo del metro y veo a lo lejos a la señorita Molina, esperándome (la reconozco por lo guapa y elegante que es, como me había vaticinado la señorita Valero). Pero antes de acercarme a ella me paro y contemplo el teatro. Lo primero que piensa uno al mirar esa fachada monumental del Valle Inclán, con tanto cristal y tanto hierro es: «¿y todo eso para qué?» Pero ese pensamiento queda relegado a un segundo plano cuando irrumpe este otro: «tengo que entrar al baño antes de que empiece, y son menos 5». Y entonces todo son carreras, saludo a la señorita Molina, que tiene ya las entradas, esperamos al resto de acompañantes, no llegan, dónde están, no me va a dar tiempo a hacer esa visita tan importante, etc.

 

Pero sí me ha dado tiempo. He entrado con mis acompañantes a ver una función de 3 horas, pero antes de dirigirme a la butaca me he escabullido a ese lugar sin el cual no soy nadie. Por aquí se va:

 

Valle Inclán

 

Allá, cruzando esa puerta que no es muy sugerente, a la derecha se encuentra el baño de caballeros, y de frente el de mujeres. Y ya en el de caballeros, a la izquierda váteres con puertas y a la derecha urinarios. Y los lavabos frente a los váteres. Se trata de un baño que tiene de todo, y normal de limpio. No es el baño más limpio de los teatros madrileños… (Confidencias: ése aún no lo he encontrado… es que no he estado en todos los teatros madrileños). Lo más visitado de estos baños es una fuente unisex a la salida del de caballeros. Oye, es curioso que la fuente se encuentre a la salida del baño de caballeros, ¿se trata de una indirecta?

 

Cuando una amiga ha sabido, esta tarde, que la obra duraba 3 horas, no se ha querido venir, y me ha escrito así: «3 horas es la muerte, te vas a mear encima». No sé por qué lo ha dicho, quizá lea estas crónicas que escribo y piense que me paso el día en el baño… No, yo voy al baño de los teatros lo normal… pero bueno, esa es otra cuestión…

 

Voy al baño lo normal, y en el Valle Inclán, lo he comprobado hoy, el baño sigue siendo ese lugar en que entras para no decir en voz alta cosas como «que no vuelvan a cantar, por favooor…», y así no quedar mal con nadie. Sé que a veces soy un cobarde. Lo reconozco.

 

El Valle Inclán tiene dos salas, la pequeña y la grande, y ambas comparten baño. Realmente no conozco otros baños en el edificio; si vas a la sala pequeña, te aconsejo que antes de subir los 317 escalones pienses si tienes que entrar a susodicho lugar, porque si no lo haces, será demasiado tarde… La primera vez que fui a la sala de arriba vi Perro muerto en tintorería, de Angélica Lidell. Recuerdo que duraba tres horas sin descanso, y si necesitabas ir urgentemente al baño y te atrevías a levantarte y salir, te exponías a la dura mirada de Angélica con su hacha en la mano… Bueno, Angélica no mataba espectadores en aquella función (y que yo sepa, en ninguna otra), si acaso los llamaba cobardes, a gritos, pero era mejor que no le intentaras explicar que sólo ibas al baño, porque te estaba gritando y tenía un hacha en la mano… Bueno, en aquella función que yo vi de Perro muerto en tintorería, de repente escuchamos aplausos, y no fue a través de los altavoces. Los aplausos entraban por las rendijas de las paredes, o del aire acondicionado, quién sabe… Se estrenaba Presas en la sala grande; fue el 22 de noviembre de 2007, tengo la entrada que lo demuestra (la letra un poco borrada, pero se lee la fecha y el «PERRO MUER»):

 

Entrada

 

Como iba diciendo, desde la sala pequeña se escuchaban los aplausos y ovaciones de Presas en la sala grande, pues terminó antes que la nuestra. Las funciones al principio eran a la misma hora en la sala pequeña y en la grande. Ahora no, pero seguramente será para no colapsar los baños. Por cierto, de Presas me ha hablado alguna vez la señora Herrero, que también estaba en el teatro hoy, sufragando el teatro madrileño (aún está convaleciente, pero ha vuelto a ir al teatro). No lo he dicho antes, pero, aparte de la elegante señorita Molina, el resto de acompañantes era la señora Herrero, su hijo y el señor L. Y otra persona que he visto también hoy en el Valle Inclán y que quizá también estaba (al igual que la señora Herrero) ese día 22 de noviembre de 2007 en la sala grande, es Vera Yobardé. Pero la proeza de hoy de Vera Yobardé con los baños del Valle Inclán merece párrafo aparte. 

 

Éranse 5 personas en el intermedio de esta obra de 3 horas, comiendo un plátano para poder sobrevivir la segunda parte («pero que no canten más, por favor», se escuchaba). Yo había corrido en el intermedio a comprar plátanos para todos y no crean que no me lo han agradecido. De hecho, ha sido una de las mejores cosas de la tarde, los 5 comiendo plátanos en la puerta del Valle Inclán, con un pie dentro y otro fuera del teatro, y los acomodadores mirando sin saber qué hacer con nosotros. (Otra de las cosas inolvidables ha sido la salida del teatro del teatro del señor L. cantando…) Bien, pues Vera Yobardé  ha decidido acudir a los baños cuando la megafonía anunciaba que en 3 minutos se reanudaría la representación. Y allá se ha aventurado, desafiando al destino… El resto hemos entrado de nuevo en la sala y la función ha empezado antes de esos 3 minutos, las puertas se han cerrado, la luz del público se ha apagado, y Vera Yobardé se ha quedado fuera. He mirado hacia atrás y… Nada, durante un par de minutos… Pero finalmente se ha abierto una rendija de la puerta, y por allí se ha colado Vera, con un acomodador con linterna señalándole el camino… Conseguir llegar al asiento una vez la función ha comenzado o recomenzado, todos lo sabemos, no es fácil… La hazaña de Vera ha sido realmente merecedora de otra entrada sobre baños en El Gallinero. Por cierto, en ocasiones en algunos teatros existen unas salas de tortura para los que llegan tarde, eso lo sabe bien el señor V… Pero eso da también para otra entrada…

 

En fin, que, como vemos, en las visitas a los teatros toman mucho protagonismo los baños.

 

Pulsar para conocer otros baños de teatros madrileños.

 

nico_guau


El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.