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Mientras tantoLos colores de la sangre

Los colores de la sangre


Profundo carmesí, Carmin profond, Deep Crimson. Cuánto da de sí la adaptación a otras lenguas de un sintagma tan lleno de significado como el que da título a la película del cineasta mexicano Arturo Ripstein. La trama, para quien no la conozca, desarrolla la historia de unos asesinatos en serie (¿deberíamos decir múltiples, para no incurrir en el calco literal de serial killers?). Está meridianamente claro que el título, como es de ley, ha de condensar lo esencial de un libro o una película, de ahí lo importante que el traductor o el doblador acierten con ese primer paso para no desnaturalizar la intención del creador. Ripstein se puede dar por satisfecho. La idea del tinto charco de sangre que envuelve simbólica y literalmente a la pareja de asesinos protagonista queda patente en las tres lenguas. Rojo sangre, violencia, oscuridad. El rojo profundo de Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri, no en vano el colorado en nuestra lengua es el color por excelencia: los colores de la sangre. El carmín, símbolo y cifra de la sangre, es el color por excelencia de la pasión y otros creadores han recurrido a él para colmar sus filmes de fuerza, agresividad y violencia, pues cuando corre la sangre la cosa ya se ha desmandado.

El carmín, nos informe el DRAE, es el “color rojo intenso, como el de la sustancia colorante que se obtiene del quermés o cochinilla”. Y carmesí, grana y amaranto (“la flor siempre viva”) son sus principales sinónimos. En clara metonimia, el predominio de los matices de este intenso color rojo en los lápices de labios ha hecho que se denomine simplemente carmín a la propia barra de labios. También, es verdad, nos informa el DRAE, hay otras formas de llamar a la barra o al lápiz de labios: creyón (galicismo, de crayon) e incluso una que no conocía, labial.

La verdad es que el caudal léxico de los tonos infinitos de rojo de los lápices de labios y sus maravillosos e imaginativos nombres daría para una interesantísima (al menos para mí) serie de fragmentos plenos de melancolía sobre esas cuestiones. Los nombres de los lápices de labios de Channel © son particularmente elocuentes, verbigracia: malicieuse, romanesque, sensuelle, fascinante, exuberante, raffinée, mélodieuse, énigmatique, passioné, envoûtante, palpitante, pirate. Prou, basta, suficiente. Creo yo que el concepto ha quedado claro.

Y luego está el siempre enigmático, pero ya de otra marca comercial, Russian Red, que en mi ignorancia pensaba que era exclusivamente el nom de plume (o de voix) de Lourdes Hernández González. ¿Un Rojo de Rusia o Rojo Ruso? Suena tan enigmático como el cóctel (El Gran Lebowski) “Ruso Blanco” o “Azul Prusia” o “Azul de Francia”, o incluso “Azul Mahón o de Vergara” (ya hablaremos de ese azul tan concreto…).

Veamos lo que se dice en inglés acerca de este lipstick: “intense colour and semi-matte velvety finish”. Pura poesía. Y ahí tenemos otra palabra de este campo semántico, velvet, “terciopelo”, aunque el terciopelo que mejor conocemos es el de David Lynch, que es azul (Blue Velvet).

Y para terminar otros dos profundos colores de la sangre. El deep purple, o Deep Purple, si hablamos de la banda británica de heavy metal, que según parece tomó prestado el título de la canción preferida de la abuela de Ritchie Blackmore, el líder del grupo. El perfil del General Washington, primer presidente de los EE. UU., da forma a una de las más importantes condecoraciones al valor de las fuerzas armadas norteamericanas: el corazón púrpura (Purple Heart). ¿Sabían ustedes lo que tienen Charles Bronson y Audie Murphy, actores, Oliver Stone, director de cine, John? F. Kennedy, Douglas MacArthur, John Kerry, Colin Powell y John McCain, políticos, y militares todos ellos en algún momento de su vida, tienen en común? Que todos fueron condecorados con el corazón púrpura. Púrpura, rojo, colores de la sangre y del valor; en definitiva, El rojo emblema del valor (The Red Badge of Courage).

 

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