Los deudores organizados, a la vista

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Querido Moncho,

 

a la distancia he empezado a seguir los movimientos de deudores. En el primer acto de la crisis, el protagonismo correspondió a los grupos financieros, los organismos multilaterales y los gabinetes económicos. Estos no se bajarán del escenario, pero deberán aprender a compartir el escenario con otros grupos, uno de estos será el de los deudores organizados.

 

Entre más observo la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de España, más recuerdo al Barzón, el movimiento de solidaridad y defensa de deudores que tuvo una enorme fuerza en la segunda mitad de los noventa en México. Empezó agrupando a deudores vinculados a actividades agropecuarias. Sus manifestaciones eran verdaderas puestas en escena, instalaciones donde cabían tractores, calabazas, vacas, caballos y hombres con sombrero. Poco a poco se convirtió en un fenómeno urbano, menos vistoso pero más efectivo. Los deudores hipotecarios se sumaron e hicieron que las protestas alcanzaran una dimensión nacional. Lograron que la tecnocracia y el sistema financiero los tomaran en cuenta. Se diseñaron programas de reestructura que incluyeron quita de capital y suspensión de acciones judiciales en contra de deudores.

 

No sé cuál será el destino de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Es fácil prever que seguirá creciendo porque es la manifestación clara de que la crisis de los créditos no pagados es un asunto público más que una constelación de problemas individuales. La unión hace la fuerza, pero también genera la empatía y, a veces, restituye la autoestima.

 

¿Qué tamaño necesita un movimiento de deudores para obligar a las políticas públicas a tomarlos en cuenta? En los noventa, en México, El Barzón necesito llegar a los cientos de miles y estar en varias ciudades, especialmente en la capital. En España, tu Moncho me lo dirás: no sé cómo procesan los grupos financieros la existencia de estos grupos de deudores organizados. Me sorprende que los partidos principales se siguen dando el lujo de mirar para otro lado o hacer el vacío. Peor para ellos: son parte de la realidad, no un paisaje que se puede dejar atrás pisando el acelerador o acumulando puntos para acceder a otro nivel en el videojuego.

 

L. M. G.

Luis Miguel González nació en Guadalajara, México. Estudió economía en la Universidad de Guadalajara. Hizo el master de periodismo en El País de Madrid y una especialidad de periodismo económico en Columbia, NY. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del Periódico Público de Guadalajara. Desde 2009 es el director editorial de El Economista de México. Es profesor de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Fundador de la Red Iberoamericana de Periodismo Económico que une a ocho de los periódicos económicos más importantes de América Latina. Escribe dos columnas semanales en El Economista y una colaboración quincenal en la revista Expansión de México.