Los fieles difuntos

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Recuerdo que en mi infancia los campos de Galicia, sobre todo en los prados de las riberas del Ulla, emergían los grandes amarillos, verdes y naranjas de las calabazas, como boyas en medio de la nada. Con los años fui atando cabos y llegué a una conclusión: las calabazas estaban ahí antes que Halloween, como los fieles difuntos, los espíritus del más allá o esas almas en pena que estos días vagan como zombies por las estaciones del metro de Madrid y las páginas de la prensa gratuita que agita el viento junto al vendedor de castañas. Días marcados por la reaparición de los espectros. Dragó. Reverte. Rubalcaba. Y el llanto de Moratinos. La sensación acusada de que, como las calabazas, ya estuvieron antes de todas las crisis de gabinete, antes de cualquier vituperio. También el alcalde de Valladolid. ¿O acaso ignoramos como hablan los valedores del reino por tierras castellanas? El panorama es desolador. Botín y su sempiterna corbata roja ahora convertido a la fe de Ferrari. Y ese Alonso que me cae tan mal confiando en su tercera reencarnación brasileña. No me gustaría nada, ya digo. Máxime con el espíritu de Ayrton Senna presente. Pero hay todavía algo más inquietante: esos jugadores que caen subitamente al césped por los campos de España. Llevamos un récord de clara explicación científica: afeitamos a los toros, dopamos a los atletas. En la recámara el caso Contador. Hablan los vampiros de la nueva legalidad de un pasaporte biológico. Tengo mis dudas sobre el corredor extremeño. La pista del filete de Irún no ha funcionado. Demasiado plástico en la analítica. Como en El Ejido o en todas partes. Plástico en la sangre, en las fresas. Espero que algún acontecimiento reanime a este paciente, aunque no se adivinan grandes emociones, además de hablar con los zombies. La primera fase de la Champions presenta un aburrimiento letal. El rugby, muy a mi pesar, no me interesa. Y cuando juega Gasol yo ya estoy dormido y no hay peor cosa que ver un partido de basket que ya ha tenido lugar. 

Galicia, 1961. Periodista y escritor, fue jefe de la sección de Cultura en el diario El Independiente y redactor jefe en las revistas Cinemanía y Rolling Stone. En la actualidad es columnista en El País Galicia y colaborador de Babelia. Ha ejercido como director cultural de Fnac España entre 2001 y 2008. Ha publicado novelas como El día de los enamoradosy Hazlo por mí (Alianza Editorial) y poesía en castellano, El resto del mundo (Lumen), y gallego, Shakespeare mata o Porco cunha rosa (Espiral Maior).