Los límites del arte contemporáneo. 1- Arte y cine

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Interesante
conversación hoy en Madrid con el artista Oscar Muñoz, que inaugura
exposición en La Fábrica, Efraín Muñoz, su galerista en España,
y el crítico de arte Carlos Jiménez, colombianos los tres aunque
desde luego madrileños a la vez estos dos últimos, en torno a un
tema que me obsesiona y al que llevo tiempo dando vueltas, los
límites del arte contemporáneo
, qué es y qué no es arte,
los bordes y fronteras entre el arte y otras disciplinas, en esta
ocasión el cine, qué es arte y qué cine, cuándo es arte lo que un
artista hace y cuándo se convierte de repente en cine y qué hace
que así sea o así se considere, si un artista sigue siéndolo
aunque su pieza se proyecte en el circuito del cine o pasa en cambio
a ser cineasta.

 

Llevo
tiempo queriendo escribir sobre esto y la conversación de hoy me
sirve de acicate para no seguir huyéndole al tema. Así que aparezco
de nuevo en este blog que por varios motivos (dos
sobre todo, familiar uno, profesional otro) he tenido abandonado
durante algunos meses.

 

Hace
unas semanas veía en la Bienal de Sao Paulo obras de Godard o de
Pedro Costa pensadas para el cine, concebidas -digamos para irnos
entendiendo porque no va a haber, si no, manera- para ser
distribuidas y exhibidas como cine, en pantallas grandes de salas
públicas y no de forma semi-pública o privada en las pequeñas de
plasma habituales en galerías y museos; de acuerdo, en definitiva,
con la lógica del medio cinematográfico propia de dos creadores de
ese medio. Poco después iba a Segovia a ver La dama de Corinto,
la pieza de José Luis Guerín comisionada y concebida, ésta
sí, expresamente para un espacio artístico y, digamos para
seguirnos entendiendo, como pieza artística y de acuerdo con la
lógica del medio artístico. Y que reflexiona además, por
cierto, sobre algo tan propio del arte y tan de su esencia como la
naturaleza y el origen de la pintura, su origen mítico como trazo de
una sombra. El propio Guerín se refiere a la circunstancia de que
hoy, que la pintura ha perdido (momentáneamente, añado yo) su
prestigio como arte, sea el cine quien sigue proyectando una imagen
sobre un lienzo.

 

Y
al tiempo que me topo con estos trasvases del medio del cine al del
arte, me encuentro con que en la última Berlinale se estrena
NO,
Global Tour
de
Santiago Sierra, otra pieza más en su trayectoria pero no una esta
vez a tantos miles de euros cada ejemplar de la edición sino al
precio más pedestre de diez euros, más o menos según el sitio, la
entrada para sentarse a verla, como en 2008 Steve McQueen estrenó en
Cannes
Hunger,
su película sobre la huelga de hambre de los presos del IRA en 1981,
o como en 2009 Shirin Neshat ganó el León de plata en Venecia por
Women
Without Men.

 

El
quid de nuestra conversación de hoy estaba en que Carlos Jiménez
dice que lo que hay en esos casos son artistas que hacen cine y por
tanto lo que presentan son películas como, aquí soy ya de
nuevo yo quien dice, son películas las de Clint Eastwood o las de
Godard o Pedro Costa por mucho que éstas últimas se exhiban en la
Bienal de Sao Paulo, mientras que yo decía que lo que hay son piezas
artísticas
exhibidas en el circuito del cine, producidas incluso
de acuerdo con los mecanismos y la lógica con que se produce cine,
muy distintos sin duda a los mecanismos y lógica con que se producen
piezas de arte (el cine, entre otras cosas, y para empezar, es
siempre es mucho más caro de producir), pero arte al fin y al
cabo. Y no cine.

 

O
sea, sostenía yo, no es lo mismo un Schnabel que deja el arte y se
pasa a hacer cine, por mucho, y ese es otro tema, que su mirada
siempre sea la del artista -como la mirada de pintores como Juan
Navarro o la música de Xenakis serán siempre las de un arquitecto-
que artistas que expanden sus horizontes y su forma de hacer las
cosas y se meten en el terreno de lo cinematográfico como un medio
más de producir su obra artística, hasta de concebirla y
desarrollarla, de seguir avanzando. Como Matthew Barney quizá el
primero de estas últimas generaciones. Como Alberto García-Álix,
que creó y produjo su película De donde no se vuelve para la
retrospectiva que le dedicó el Reina y ahora la está mostrando, con
enorme éxito que él no esperaba, en festivales de cine. Como Steve
McQueen, como Shirin Neshat, como Santiago Sierra.

 

Ojo,
estas películas de artista serán sin duda pocos quienes vayan a a
verlas a las salas de cine, si es que llegan a estrenarse -a menos
que sea NY, donde una del ciclo Cremaster
de Matthew Barney contaba con salas llenas cada día en el cine del
Village donde se estrenó-, hasta en eso entran de lleno los incautos
artistas en el medio del cine. NO, Global Tour o Women
Without Men
se igualan a otras películas en lo bueno, estrenar
nada menos que en la Berlinale por ejemplo, pero también desde
luego en lo malo: serán sin duda pocas las salas donde, si acaso, se
estrenen, como les pasa cada año también a otros muchos cientos de
películas independientes que se producen y no se estrenan o se
estrenan y apenas duran unos pocos días en pantalla. Y si hasta
fueran pirateadas serían ya del todo películas de cine en
vez del cómodo y exclusivo producto habitual de las galerías: una
edición de pocos ejemplares de una pieza de video para los pocos
coleccionistas que las compran y que los demás ya no podrán más
que ocasionalmente en museos y retrospectivas.

 

Pero
en fin, terreno delicado sobre el que apenas empiezo a reflexionar y
a pergeñar algo escrito y sobre el que seguiré en las próximas
semanas.

 

 

 

José Antonio de Ory es escritor, entre otros oficios que lo han llevado a vivir de un lado a otro del mundo: Colombia (en tres ocasiones), la India y Nueva York. Ahora en Madrid, continúa escribiendo cuando le da el tiempo sobre cultura y otras cosas de la vida en este blog, donde se permite contar, y opinar, cómo ve las cosas. Es autor de Ángeles Clandestinos. Una memoria oral del poeta Raúl Gómez Jattin (Ed. Norma, Bogotá, 2004).