Los ojos del cine. Sad Hill

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Cada noche y siempre de noche veo una película (cuando puedo). Es un ritual desde hace años. Preparo la cena, cojo la bandeja, lleno un vaso de agua, empieza la película, como con la boca y los ojos, dejo el postre para el final. Cada noche veo un sueño, un lugar, soy alguien, salgo.

Somos otros.
Tengo una lista de papel donde apunto las películas que acabo.

Hemos sido un parado en Vigo yendo en ferri a buscar trabajo al otro lado de la ría. Hemos sido un soviético de los que presenciaron el funeral de Stalin.
Hemos sido una mujer de la India a punto de casarse.
Hemos sido Luis Tosar en Santiago una noche que dejó de llover.

Hemos sido Moretti en moto por Roma y jugadores de waterpolo.
Hemos sido Momo volando por el tiempo.
Hemos sido una pintora finesa cuidando a mi madre.
Hemos vivido en Túnez en los años noventa buscando mujeres.
Hemos vivido perseguidos por ser judío cuando Hitler mandaba.
Hemos querido viajar al espacio para huir de este mundo utilizando la sangre de otro. Hemos sentido el amor de Guadagnino.

Hemos descubierto la homosexualidad hablando en varios idiomas. Hemos matado en una isla de Italia.
Hemos sido vampiros amantes en Tánger.
Hemos revisado toda la filmografía de Tarantino.

Hemos descubierto la de Wes Anderson.
Hemos recorrido Madrid con Almodóvar.
Hemos trabajado en Detroit de operario y planeado un robo.
Hemos robado con éxito.
Hemos padecido la niebla.
Hemos vivido cuando Nueva York fue la gran cárcel de Estados Unidos. Hemos sido Estados Unidos de América.

Y hemos llegado al cementerio de Sad Hill para desenterrar el dinero, después de deambular con nuestro cigarro durante horas por tres películas del oeste europeo.

 

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La Trilogía del dólar está compuesta por tres películas dirigidas por el director italiano Sergio Leone. Son tres de las obras más importantes del spaguetti western, género que se desarrolló sobre todo en las décadas de los sesenta y los setenta. Muchas de ellas se rodaron en España, sobre todo en las provincias de Madrid y Almería. Este género es una de las grandes influencias de Tarantino, quien las homenajea, por ejemplo, en Los odiosos ocho o Django desencadenado.

Sad Hill, donde llegamos al fin, es el lugar donde se rodó la última escena de la trilogía.

El cementerio está en la provincia de Burgos, muy cerca del pueblo de Santo Domingo de Silos. Cuando Leone vio el paisaje burgalés recreó el mítico paisaje de Monument Valley, situado en la frontera entre los estados de Utah y Arizona, lugar de rodaje de numerosos westerns clásicos, como La diligencia (1939) o Río Grande (1950). Había encontrado el entorno, el lugar.

El director y su equipo, ayudados del ejército español, levantaron el cementerio de la nada, de la imaginación. Parecería que estaban en el centro de oeste americano, sin salir de Europa. Colocaron cientos de tumbas y cruces en torno al círculo central donde se grabaría el duelo final entre el Bueno, el Feo y el Malo.

Era el año 1966.

Después de rodar el cementerio cayó en el olvido, fue enterrándose entre la maleza poco a poco. Cuarenta años más tarde un grupo de amigos empezó a desenterrarlo, querían ponerlo en pie de nuevo, hacer que la escena final de la película fuera verdad.

Ayer estuve allí. Gracias a ellos.

 

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Fui con varios amigos a los que también les apasiona el cine. Comimos nuestros bocadillos de hummus o chorizo en un merendero, tomamos café en un pueblo cercano. Condujimos por un camino de tierra hasta ver la formación rocosa similar a aquella situada al otro lado del océano. Bajamos hasta el cementerio desenterrado y lo contemplamos con nuestros propios ojos. Era como estar en el sueño de la película, volver a 1966, ser Clint Eastwood en busca del oro, batirnos en duelo con pistolas raudas, escuchar la música de Morricone a todo volumen en el coche.

Un hombre francés nos dijo que de niño veía la película todos los fines de semana porque era la única que había en casa en VHS. Cortaba un trozo de queso curado y se lo ponía en la boca para simular que fumaba, colocaba sogas de ahorcado por los árboles del barrio, reproducía los diálogos con sus hermanos.

Soñaba con que ese lugar existiera: donde estaba ahora, alucinando.

Dice el director de cine español Álex de la Iglesia, en el documental que narra la aventura de los amigos por reconstruir el cementerio olvidado, que el cine te da la oportunidad de estar en lugares imposibles: descubrir que existen es como si nuestros sueños fueran reales.

Ayer nosotros sentimos lo mismo, la ficción hecha realidad: la nada convertida en imaginación.

Caminamos entre las tumbas, llegamos al centro del cementerio, contemplamos el paisaje que nos rodeaba. Éramos parte de la creación de Sergio Leone y parte del cine.

Ojos del cine.

 

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De vuelta a casa quisimos:

Hacer arder ese cine con Hitler dentro.
Querer tener hijos en Edimburgo.
Viajar en diligencia por la nieve de Wyoming.
Evitar la llegada de la bestia en Madrid.
Matar a Bill.
Vivir el verano del 93.
Matar a los amigos de Manson.
Ir a Menorca, la isla bonita.
Descubrir Sion fuera de mátrix.
Ser Arantxa Echevarría dirigiendo a Carmen y Lola.
Apagar una Galicia en llamas.
Ir al desierto de Marruecos con Óliver Laxe.
Llegar a Alabama con Viggo Mortensen, quien nos protegerá de los blancos racistas.

 

5

Nos acordaremos de la Colina Triste.

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