Los Países Bajos revisan su pasado esclavista

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El Rijksmuseum, un espacio que ya justifica un viaje a Ámsterdam, ha dedica cuatro años a revisar, a través de un millón de piezas, el papel de la esclavitud en sus colonias. En las plantaciones de las colonias holandesas en África del Sur y Asia, en Brasil y el Caribe a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX, la vida no era fácil para los esclavos, y hasta ahora ese sistema que contribuyó de forma decisiva al enriquecimiento económico y social de la metrópoli. Como recordaba recientemente Isabel Ferrer en las páginas de El País desde La Haya, “a través de la vida de diez personas rastrea el proceso que permitió traer a Europa azúcar, tabaco, café, algodón y cacao gracias al esclavismo”. En palabras de Valika Smeulders, una de las cuatro conservadoras de Esclavitud: “Hemos examinado las canciones y los relatos de sus respectivas tierras de origen, que pasaron de una generación a otra. Ahí compruebas que se les deshumanizó, pero ellos sabían que el trato recibido era horrible y supieron conservar su propia dignidad”. Una de las figuras más llamativas de esta visita a una historia que nunca se había contado con tanta hondura es la de Sapali, una esclava que huyó de una plantación de Surinam con semillas de arroz escondidas en su pelo trenzado: “un secreto fértil”, se subraya.

Dónde: Rijksmuseum, Ámsterdam

Cuándo: Desde el 9 de junio al 29 de agosto

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