Luis Pineda, Miguel Bernad, la torna

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Hace más de 20 años, un economista que conozco bien hizo un informe sobre el crédito al consumo en España por encargo de la Comisión Europea; para ello entrevistó a representantes de asociaciones de consumidores, de usuarios de bancos y de financieras de crédito. Muchos de sus interlocutores le confiaron su malísima opinión sobre Ausbanc, -que pretendía ser, y no era, una asociación de usuarios de banca-, y sobre su presidente ya entonces, Luis Pineda, por las prácticas de presión con los bancos que utilizaba para financiar su revista: publicar  artículos de denuncia si no contrataban con su revista páginas de publicidad. Ausbanc nunca recibió al economista, que incluyó estas críticas en su informe final.

 

Hace más de 20 años, un economista que conozco bien hizo un informe sobre el crédito al consumo en España por encargo de la Comisión Europea; para ello entrevistó a representantes de asociaciones de consumidores, de usuarios de bancos y de financieras de crédito. Muchos de sus interlocutores le confiaron su malísima opinión sobre Ausbanc, -que pretendía ser, y no era, una asociación de usuarios de banca-, y sobre su presidente ya entonces, Luis Pineda, por las prácticas de presión con los bancos que utilizaba para financiar su revista: publicar  artículos de denuncia si no contrataban con su revista páginas de publicidad. Ausbanc nunca recibió al economista, que incluyó estas críticas en su informe final.

 

Era un secreto a voces, y estoy hablando de finales del siglo XX. También era un secreto a voces que Luis Pineda, procedente de la ultraderecha, había sido condenado por un asalto con violencia, por la Audiencia Nacional si no recuerdo mal (he tenido en mi mano la prueba en papel, pero desapareció en alguna limpieza). Hace unos años, él se refirió a este episodio en una entrevista como un pecadillo de su juventud impetuosa.

 

Cuando me enteré de que él y Bernad estaban detenidos y acusados de delitos graves,  me dio por pensar en lo extraordinario de estos personajes, de los años en que han campado por sus respetos enriqueciéndose con prácticas mafiosas, mientras los bancos y la sociedad en bloque miraban para otro lado, justicia incluida. En El País del miércoles 20 de abril dice un titular: Los grandes bancos dejan de pagar a Ausbanc tras el escándalo. Al parecer, todos los grandes salvo el BBVA.  La lista de las entidades colaboradoras, anunciantes, et. es simplemente sonrojante. El mundo Manos Limpias lo conozco menos, pero ¿es que alguien se creía que era un sindicato y que tenían las manos limpias, viniendo de donde venían?

 

La guinda del pastel es que, en su trayectoria de búsqueda de cerebros privilegiados, Esperanza Aguirre fichó a Luis Pineda para un puesto muy en la línea liberal de la entonces presidenta de Madrid. Allá por el año 2007, una amiga mía que estaba en el paro fue a los servicios de empleo de su zona y ¡oh sorpresa!, era una oficina gestionada  por Ausbanc. No es que tuviera nada que ver la actividad oficial de Ausbanc con los servicios de empleo, pero un poco de allí otro poco de allá uno va saliendo adelante with a little help from his friends. En el caso de Pineda, la ayuda y la complicidad han sido, al parecer,  la norma general.

 

Lo malo de pensar es que acaba inquietándote. Porque tantos años en la impunidad y ahora resulta que la detención de Miguel Bernad (Manos Limpias), que casualmente ejerce la única acusación de la infanta Cristina en el caso Noós, abre la posibilidad de que este sujeto, dada la situación penal en que estará a partir de ahora, abandone esa acusación y la abogada que la sostiene se retire. O de que sea expulsada, como piden ya algunas defensas. Ella ha dicho que de momento no tiene intención de retirarse, y sobre este punto llegan desde todas partes mensajes que quieren ser tranquilizadores, pero…He dicho posibilidad, y repito opiniones de varios juristas. Si lo hiciera, dicen, “la causa decaería”, es decir, se abandonaría, y la Infanta quedaría liberada, sin sentencia…no sé exactamente cómo funcionan estas cosas.

 

No me alegro de que la gente vaya a la cárcel, y procuro no ser conspiranoica, pero ¿no huele todo esto bastante a sacrosanta razón de Estado, a imagen y semejanza de La torna aquélla de Albert Boadella? ¿soy muy mal pensada o hubiera cantado mucho inmovilizar sólo a Manos Limpias? En este caso, la torna  sería Pineda, aparentemente no relacionado con el caso Nóos. Claro que allí la torna (el polaco Heinz Chez, que en realidad era alemán del este) venía bien para ejecutar a Puig Antich, no para salvarlo…

 

Torna (palabra catalana): Cuando una mercancía que se vende no llega exactamente al peso indicado, “la torna” es lo que se suma para que complete ese peso.

 


 

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.