Machaca, que algo queda

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Machacona me veo obligada a ser por lo mucho que lo es la realidad, la lingüística y la otra. Ahí va otra pequeña lista de engendros pescados aquí y allá, sobre todo en la radio y la televisión, menos en la prensa escrita. Por eso celebro que al menos algún que otro disparate sea nuevo. Por ejemplo, un procedimentar como una catedral, perpetrado por alguien que, quizás descontento por la insignificancia de un proceder, o de un triste procesar, se propuso remediarlo alargándolo (e innovando de paso), en la estela de lo que Aurelio Arteta, en sus divertidos artículos, considera  obsesión del hablante del español  por producir esdrújulas… procedimentadas.

Otro gran grupo de cosas raras son las relacionadas con la guerra del género. No sólo oí –y escuché- a un locutor de radio referirse a un especialista como geriatro (que se preparen los psiquiatras, obstetras y pediatras, además de una nube de profesiones) sino que poco después en la tele vi que se definía como familia monomarental a la compuesta por una madre y sus hijos. Había leído poco antes cómo Alex Grijelmo explicaba en su columna semanal en El País (suplemento Ideas) el error que subyace en esta novedad, muy común en quienes, sin suficiente cultura filológica y sobrados de ideología, inventan (esto último, de mi cosecha).

No se puede esperar que esa aclaración de Grijelmo se divulgue urbi et orbi, así que pondré mi granito de arena por si acaso estas líneas llegan a unas docenas más de personas sensibles. Resulta que parental no viene de padre (páter, patria), sino de pariente, que a su vez viene de ¡¡parir!! Nunca hemos dicho “marientes”, ya que parientes incluye a ambos sexos (y a todos los posibles). Marental no remite a ningún puerto seguro. Si acaso, dice Grijelmo, sería “familia monomaternal”… A mí marental me suena como marea, quizás  por mareal.

También leí en un diario esta afirmación: “Sólo el 13% de las programadoras españolas son mujeres”. Claro, traté de ponerme en el pellejo del redactor que dudaría entre seguir el dogma antigenéricos y la sensatez. La frase da para varios chistes, algunos de mal gusto; espero que después de verla publicada haya calibrado la conveniencia de no optar por caminos que no conducen más que al absurdo. En todo caso, alguien editó la frase como titular y quedó así: “Sólo el 13% de los programadores son mujeres”.

Otra cosa que se va afianzando es hacer una doble negación, utilizando verbos que ya la llevan en su significado. Es el caso de tantas frases recogidas aquí del tipo: “evitar que no se sepa”, etcétera. Un ejemplo flagrante es: “Niega que no tenga nada que ver con… la aprobación de los presupuestos”. Me desanimó que una gran profesional de la radio fuera la autora de ésta: “[Las autoridades]… desaconsejaban no acudir”, en un caso que no planteaba dudas; estaba clarísimo que las autoridades no querían que fuéramos…

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Anunciata Bremón
Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.

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