Madrid polarizado

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Ellos visten con camisa y lucen una descuidada barba muy bien arreglada. Ellas, con el pelo liso, llevan blusas. «Polaroid your city», se leía ayer en el bus que estaba plantado junto al oso y el madroño de Sol.

 

Lunes, 9 de junio

 

John Dos Passos publicó en ‘Esquire’, en enero de 1938, un reportaje sobre el Madrid de la Guerra Civil: ‘Habitación con baño en el Hotel Florida’.

 

“En la isleta del centro, donde está la estación de metro, un hombre viejo me limpió los zapatos.

 

Detrás de mí oí un par de tiros a una calle de distancia. Al sonido seco le siguió un humo amarillo y un olor a polvo de granito que se esparció lentamente. No hubo más. Los grupos de personas charlando en las esquinas siguieron charlando. Quizá unas pocas personas más decidieron tomar el metro en lugar del tranvía. Pasó una ambulancia. El viejo siguió limpiándome los zapatos meticulosamente.”

 

***

 

Martes, 10 de junio

 

El Hotel Florida, leo hoy en ‘El Mundo’, es uno de esos hoteles que están ligados a la crónica de guerra. Como el Holiday Inn de Sarajevo, o como el Saint Georges de Argel durante la Segunda Guerra Mundial. Desde Callao, en una esquina de la Gran Vía, John Dos Passos veía esto:

 

“El hotel está en una colina. Desde la ventana puedo ver toda la parte antigua de Madrid por encima de los tejados que se apiñan cubiertos de tejas del color del hollín manchadas de amarillo claro y rojo, bajo el azul metálico que brilla antes del amanecer. Esta ciudad compacta se extiende a lo lejos hasta donde alcanza la vista, con sus calles estrechas, chimeneas sin humo, torres con cúpulas brillantes y afilados chapiteles de pizarra propios de la Castilla del siglo XVII.”

 

Por el Hotel Florida también pasaron más escritores famosos como Antoine de Saint-Exupéry. Según cuenta Luis Alemany en el periódico, se han publicado dos libros que recuperan la leyenda del Florida, donde los periodistas se mezclaban con las prostitutas. “El Florida era uno de los pocos sitios de Madrid donde se podía comer decentemente y donde corría el alcohol sin restricciones, a pesar de la hambruna que sufrió Madrid”.

 

Allí, durante la Guerra Civil española, el periodismo alcanzó “una inmediatez y una intimidad nunca vistas”. Sobrevivió a los impactos de las bombas, fue rehabilitado y funcionó hasta los años sesenta, cuando construyeron en su lugar un edificio de Galerías Preciados. “En aquellos años, cuando comenzó a funcionar la piqueta y la construcción de palacios y edificios emblemáticos en Madrid, poca gente se atrevía a cuestionar ese tipo de decisiones”.

 

***

 

Miércoles, 11 de junio

 

Cuando Andrea Fabra ha sido reclamada para ratificar en primer lugar, en pie y a viva voz, la abdicación del rey Juan Carlos, un rumor se ha extendido por el hemiciclo del Congreso de los Diputados. Comentarios a media voz y alguna risa.

 

“Fabra Fernández, Andrea”.

 

(…)

 

“Sí”.

 

La primera persona en pronunciarse sobre la sucesión en el trono es hija de un cacique imputado por delitos como tráfico de influencias, cohecho o evasión fiscal, premiado nueve veces en la lotería.

 

Andrea Fabra ha dicho “sí” y no “que se jodan”, como hizo hace dos años desde el mismo escaño el día que Rajoy anunció los recortes a los desempleados. Una diputada socialista ha gritado: “Sí. Que se jubile”. “Por la república catalana, voto no”, ha bramado Joan Tardà, y le han escuchado hasta los diputados de Amaiur, que habían abandonado la Cámara entre abucheos antes de la votación. “Por más democracia. No”, han dicho los representantes de IU. José Albendea, el diputado más veterano del Congreso, ha improvisado un “sí. ¡Y viva el rey!”. La bancada del PP, que agrupa a 186 políticos, ha reído la gracia.

 

El Congreso de los Diputados, órgano que representa la soberanía nacional, ha autorizado así la renuncia del rey al trono. Ha sido uno de los debates más importantes en la historia de la España constitucional.

 

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Viernes, 13 de junio

 

Ellos visten con camisa y lucen una descuidada barba muy bien arreglada. Ellas, con el pelo liso, llevan blusas. «Polaroid your city», se leía ayer en el bus que estaba plantado junto al oso y el madroño de Sol. Me costó entenderlo, porque por Polaroid a mí sólo me salía una cámara de fotos. Pues Polaroid es también es la marca de unas gafas de sol muy parecidas a las que se ponía Marco Pantani en la calva cuando pedaleaba los puertos más duros del Tour de Francia. Las lentes mezclan colores como el verde, el azul y el rojo. A su lado, las gafas tipo Julio Iglesias tan de moda últimamente son discretas.

 

La música anima la fiesta improvisada en la plaza favorita de los indignados. Las sombrillas ya no sirven para nada, puesto que el sol hace rato que ha dejado de molestar. Los invitados siguen con las gafas puestas, polarizando la ciudad. Y miran hacia abajo, a sus móviles. “¿Cómo es de way estar en un macroautobús de dos pisos en pleno Sol con unas gafas Polaroid?”, tuitea una. Otros miran al cielo, porque así es como se habla cuando se es moderno. Con una pose instagram. Algunos transeúntes contemplan extrañados el espectáculo y pasan de largo. Algún turista saca la cámara de fotos, que tan madrileño es el Carlos III que capitanea Sol como un autobús con música. Tres hombres se plantan frente a él al estilo de los que ven ‘Gran Hermano’ desde el sofá. Uno de ellos, que lleva la barriga metida en el pantalón, dice: “Ahí no nos dejan entrar, eso es para pijos”.

 

“¿Es obligatorio ir al Sónar para ser moderno?”, le pregunta hoy Jacinto Antón a uno de los directores del festival en ‘El País’. “Obligatorio no hay nada. Recomendable, estimulante, necesario, puede. Aunque tu banda sonora esté en otro lado es muy interesante experimentar aquí. Siempre puedes hacerla crecer”.

 

***

 

Sábado, 14 de junio

 

Parece salida de una fiesta irlandesa, con un gorro como los que se ven en el día de San Patricio, aunque de color negro. Verde es el trébol que lo adorna. Permanece sentada en medio del paseo, frente a una máquina de escribir. “Tú me das el tema, yo escribo el poema”. Un chico de pelo largo apoya sus dos manos en un bastón, a un metro de la poeta. Ella amaga con escribir, arruga las cejas como un buen intelectual y mira al cielo. Por fin aporrea las teclas. Más allá, el juez Elpidio José Silva firma ejemplares de su libro. También Christian Gálvez, que es actor, presentador, y escritor. Mañana acaba la feria del libro 2014 con Belén Esteban como gran reclamo. Belén Esteban, que es la princesa del pueblo.