Madrid Street

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Leo en una revista que Mar Mikhael, el barrio cristiano en el que vivo, es la nueva zona “bobo” de Beirut. Bobo, un término en español para calificar no solo al gillipollas tontaina al uso, el de toda la vida, sino también a una nueva especie digna de los documentales de bichos de la BBC y que es el bourgeois and bohemian, o burgués bohemio, o capullo aburguesado que mezcla actitud rebelde, chucho, éxito empresarial, pensamiento hippy-idealista- comprometido, espíritu saqueador, y cartera capitalista, todo en uno. O sea, un bobo.

 

La zona, al parecer, es un hervidero de galerías de arte, tiendas “cool”, boutiques de moda vintage, librerías especializadas, bares, restaurantes y todo lo que un bobo puede desear en la vida para calmar sus dudas existenciales. Y yo medicándome en casa sin saberlo…Mencionan la Madrid Street, justo ahí, debajo de mi casa, donde terminan las escaleras de Mar Mikhael y a la que tomaba por una simple calle enmierdada, llena de talleres cochambrosos.Siempre me la imaginé como escenario perfecto para rodar una película en la que la Barbie rubia de impecable inglés retransmite al mundo el último atentado suicida ocurrido en algún suburbio de Islamabad.

 

Avanzo por la Madrid Street observando con atención. Un gordo con una camiseta ¿blanca? de tirantes teñida de grasa se recuesta en una silla de muelles rascándose los cojones. Se echa al gaznate un zumo vitaminado de 3 litros de sabor tutti-frutti. Al lado una frutería donde las viejas glorias maronitas vestidas de respetables señoras compran a escondidas medio apio para que nadie vea que son unas muertas de hambre. La gasolinera donde se exhiben trozos de coches, medio cacho de carrocería de Mercedes, tres frenos de BMW, una caja de cambios de Volvo…Un gañán aparece derrapando al final de la calle al ritmo de una horrenda música árabe. Acelera chaval, acelera, que vuelves a irte sin follar. Más talleres, herramientas, martillos, neumáticos ennegrecidos, el descampado de turno, casi me carbonizo tropezando con un cable de alta tensión, la alcantarilla sin tapa, hierbajos y más hierbajos, algún cartel en armenio…Encuentro la tienda multiusos mencionada en la revista. Lo primero, cómo no, unas letras gigantes en el escaparate que anuncian un París-Beirut. Tener sede en la capital francesa es para mear y no echar gota. El colmo del glamour y la sofisticación, me la machacaría con las dos manos si pudiera solo de pensar en esos vasos de colores que venden. La puta hostia. Únicos. ¿Qué hace la gente yendo de compras a Nueva York, o a Londres en vez de lanzarse en tropel a las agencias de viaje reclamando la inauguración de una línea charter ya Torrejón de Ardoz-Beirut…? Me cago en todo, qué nivel tienen en el barrio bobo éste, cómo he podido atreverme a respirar todo este tiempo sin hacerme con ese albornoz de rayas verdes y rosas que venden por 300 dólares…Cualquier día el Karl Lagerfeld se lía el turbante a la cabeza y se nos instala aquí, a la mierda la France, abajo la rue Saint-Honoré, a quemar la Place Vendôme…¡Viva el Liban!