Madrugadas

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Madrugada en el sofá. Echaba ya de menos la televisión española. Después de varias horas tragándome todos los capítulos posibles sobre homicidios, asesinos en serie, violaciones, atropellos y otros psicópatas sexuales me paso al humor. En la Comisión Europea declaran, en serio, que Libia está a punto de conseguir la democracia y que por ello hay que apoyar a esa fuerza libertaria insurgente. Me entra la risa floja. La futura democracia de los libios se parece más a un grupo de matados que en los últimos años solo ha tomado el sol y bebido tés y que ahora, como no follan, salen a la calle a dispararlo todo.

 

Cambio de canal. Los españolitos por el mundo desde mi país favorito: Suiza. Pienso seriamente en continuar viendo la televisión y arriesgarme a sufrir un ataque al corazón de la mala hostia. Pero resistiré. Un gordo con pinta de no callarse ni con cinco huevos Kinder en la boca presume de novia, una pitifláutica enana de Lugano que fue candidata a Miss Suiza y que además de fea resulta bastante lerda en su vano intento, -nena, que tu lengua es el italiano-,  de pronunciar tres palabras seguidas en español.

 

Dicen los dos tórtolos que Lugano es la Río de Janeiro europea. Tal cual, la misma gracia y donaire, el mismo bronceado, el ritmo carioca teletransportado a una estaca helvética más tiesa que un Toblerone. Que alguien me traiga un cubo para echar la pota… La insufrible pareja nos lleva de la mano a deleitarnos con una pelea de vacas en medio de la montaña donde cientos de sociópatas suizos cortan milimétricamente sus salchichas a las siete en punto de la tarde. Apunta mi madre desde el sofá que en tan singular paisaje faltan un par de mozalbetes bávaros canturreando el “oloreiolorei hi hi” y salto como una hiena: “Jamás, jamás, te atrevas a volver a compararme a esa chusma suiza con Alemania”.

 

Piraña, incansable, continúa. Nos cuenta ahora que Suiza mola mogollón porque lo votan todo; él incluso se permite bromear cada mes con lo que someterán a votación: si pedalear en luna llena con el pie derecho, si colgar las bragas del revés los martes por la mañana, si rodar Alpes abajo hasta romperse la puta crisma contra un pino…pero lo que no sabe el gordo gilipollas es que sus amables vecinos también votan si un extranjero es digno de comprarse una casa y una vaca con cencerro en su fétido pueblo. La ávida reportera se interesa igualmente por el estado de bienestar permanente de los suizos y dice el chaval, que tiene respuesta para todo, que producen mucho… Producen mucho ¿qué?; estos no han producido un zurullo en su puta vida aparte de chocolatinas y relojes de cuco; lo único que han hecho, y bien que siguen haciéndolo, es lavar. Lavan y centrifugan de la hostia, comerían mierda machacada con restos de dientes y viejas cabelleras si eso generara más intereses.

 

Cuando ya estoy a punto de esnifar varios Tranquimazines, hace acto de presencia, lancha motora surcando las aguas salvajes del lago de Zurich, una individua muy orgullosa del austríaco que ha pescado. Relata a la audiencia, sin cortarse un pelo la pava, que, mira tú, que qué divertido, que ella no podía creerse que su marido tuviese un apellido tan, tan largo.  No te jode, como muchas palabras alemanas….Pero ¿de dónde sacan a estos retrasados mentales?, ¿Dan ayudas por esto…?. La mujer, de 28 años, afirma llevar una vida de lo más plena, aunque su careto de cuarentona solo recuerda las cinco depresiones leves del pasado mes. Nos muestra los cuadros que le ha regalado la suegra, el césped perfectamente podado, las flores enjauladas en su correspondiente trozo de jardín, las bicicletas impecablemente alineadas, los conejos de pascua y los enanos de jardín, drogados de tanta felicidad. No falta el clásico, por supuesto: el pedazo de bunker que hay debajo de su casa, el bunker que hay debajo de cada casa de la neutral suiza.

Corre después a cenar, entre ondeantes banderas rojas con la cruz blanca, a un restaurante cercano porque, como llegue a las 20.01, no le va a servir la puta fondue de queso ni el último emigrante amenazado de repatriación.