Maketo Allen

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Siempre que miro por televisión las etapas de montaña del Tour, rezo maliciosamente (si es que eso es posible, quizá como rezaba Salieri en Amadeus) para que un espectador de esos que corren como dementes agitando sus banderitas derribe a un ciclista y este le dé una buena tunda antes de continuar con la carrera.

Hoy he visto banderas esteladas y banderas etarras (como siempre, qué manera de echar a perder el paisaje y la emoción de la subida) y me he arrodillado mentalmente para que fuera uno de sus portadores el elegido. Un ciclista dando de tortazos a un abanderado proetarra sí que sería un gran día de ciclismo.

Sería un poco como esa justicia que no se hace mientras los terroristas y su entorno se van apoderando de la normalidad, introduciéndose en ella con la ayuda inestimable de los autodenominados demócratas, con el PSOE a la cabeza. Desde Eguiguren a Zapatero hasta Sánchez, el amigo natural de casi todo lo peor, incluido, como no, el PNV.

He leído que varias asociaciones feministas de San Sebastián, con bonitos nombres como Bizilagunekin, Donostiako Bilgune Feminista, Groseko Asanblada Feminista o Ernai (las juventudes etarras), entre otras, han llamado a una “concentración bulliciosa” el próximo lunes en la playa de la Concha para boicotear el rodaje de la nueva película de Woody Allen.

El objeto es evitar que se genere un “turismo nocivo” por la presencia del director de cine neoyorquino. “Turismo nocivo” atraído por  Woody Allen en la hermosa y vieja ciudad de la muerte y del miedo y de las pistolas. No sé por qué me imagino esa convocatoria abarrotada de aficionados ciclistas sobrexcitados con sus banderas de Etxera y Euskal presoak.

Es como si la magia ya no estuviera en el cine (ni mucho menos en el del autor de Misterioso asesinato en Manhattan) sino en la posverdad, gracias a la cual uno puede ver a todos esos amantes del ciclismo, al día siguiente de protestar por la presencia del anciano Allen (que nunca fue acusado de nada), con la más cálida de sus sonrisas en el homenaje al asesino de turno que vuelve felizmente a casa.

 

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