Manual de funcionamiento de la nave espacial

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Hoy se celebra en Madrid esa especie de solsticio intelectual llamado La Noche en Blanco, un ritual de arte y cultura que parece poner fin a la molicie neuronal veraniega y preparar a los ciudadanos para un otoño más sabio.

He de reconocer que me lo pasé muy bien en su primera edición, en 2006. No sé si fue la novedad o la sorpresa de descubrir algo de deriva situacionista en ese plácido deambular por mitad de las calles del centro, sin un solo coche, llenas de gente asistiendo a una visión insólita y espectacular (lo siento, sr. Debord) de la ciudad.

Como suele ocurrir cuando se repiten los éxitos institucionales, el evento ha ido generando en los últimos años bastantes opiniones negativas por parte de algunos colectivos artísticos y culturales, que le achacaban, entre otras cosas, poca eficacia cultural –mucho derroche para tan poco tiempo de vida–, demasiada pleitesía al ghetto artístico, y exceso de ahínco megalómano y propagandístico, tan propios de su promotor, el alcalde de Madrid. Para esta edición, el ayuntamiento ha encargado la parte comisariada a uno de estos grupos críticos, el colectivo Basurama, supongo que con la doble intención de poner al enemigo de su parte y ver si son capaces de proponer una alternativa digna.

Basurama es un grupo de arquitectos tremendamente activo, con una ya ganada reputación internacional, que trabaja en el ámbito de lo social y lo urbano, zarandeando e interrogando la realidad cotidiana y sus mecanismos de producción cultural. Su posición es aparentemente antiartística y reivindica al ciudadano protagonista frente al ciudadano espectador. Un evento tan popular y masivo como La Noche en Blanco era perfecto para ellos y, aunque inicialmente les tentara el rechazo airoso, por fortuna entendieron que es mejor proponer y tomar partido que no sólo criticar. Con 300.000 mil euros de presupuesto han confeccionado un programa de 21 proyectos que, bajo el lema “Hagan juego”, pretende huir del espectáculo y de la contemplación estética y generar posibilidades de acción y de encuentro entre los ciudadanos, convertidos así en los verdaderos artífices de la noche. Siento por Basurama una tremenda simpatía, que va desde su fantástico nombre a lo oportuno de sus propuestas en un país derrochador como España, tan poco concienciado todavía con la necesidad de otorgar una segunda vida a las cosas.  Sin embargo, yo creo que la movilización ciudadana y las experiencias lúdicas no tienen porqué estar reñidas con la contemplación estética y el espectáculo. Por el contrario, éstos les sirven de catalizador y las revisten de emociones tan legítimas como necesarias.

Esta simbiosis perfecta entre placer estético, diversión y pensamiento social es, a mi entender, una de los mayoress atractivos del trabajo del gran inventor, arquitecto, ingeniero, pensador –y mucho más– Richard Buckminster Fuller (1895-1983), al cual dedica estos días una magnífica exposición el espacio Ivory Press de Madrid. Precisamente una de las actividades del programa abierto de La Noche en Blanco es una atractiva mesa redonda sobre su obra y la tremenda influencia que ha tenido y sigue teniendo en la cultura contemporánea. Bucky Fuller fue un personaje absolutamente decisivo e inclasificable, que en plena Gran Depresión norteamericana estaba ya planteando viviendas sostenibles. Su larga y ancha biografía es apasionante. Yo ahora sólo tengo espacio y tiempo para recomendarles que, si viven en Madrid, no dejen de visitar la exposición de Ivory Press. Comisariada por Norman Foster –antiguo colaborador y devoto fiel de Fuller— se presentan numerosos dibujos, maquetas, libros, un documental impagable, y hasta un coche Dymaxion auténtico que Foster se ha encargado de fabricar. Bucky concebía el planeta Tierra como una nave espacial, y a este concepto dedicó uno de sus más apasionantes libros, el insólito y visionario Operating Manual for Spaceship Earth.

Ojalá Basurama sea capaz de escenificar esta noche un nuevo manual de funcionamiento de la nave espacial Madrid. Falta nos hace.

 

1 COMENTARIO

  1. Yo me apuntaría como

    Yo me apuntaría como tripulante, ya me gusta sobrevolar Madrid y contemplarla desde la lejanía, echar de menos sus cielos y todo eso, la manera sabia por necesidad de cuidarse, sobre todo desde esta ciudad tan pagada de si misma que es Barcelona, pero lo dicho, cuando hagáis pruebas para el lanzamiento de la nave me gustaría apuntarme, aunque fuese para fotografiarla desde el cielo.

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