Mapas y leyendas

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Maps and Legends, de Michael Chabon, debería ser una de las brújulas, uno de los mapas, una de las varas de zahorí para moverse por el mundo de la literatura de nuestros tiempos.

 

Qué maravilla, qué lástima, descubrir que Michael Chabon (nacido en 1963), uno de los autores norteamericanos más célebres de su generación, tiene los mismos o parecidos problemas con sus cerriles y anticuados contemporanos que tienen algunos escritores españoles de su generación con los suyos. Pero ¿puede existir una generación trasatlántica? ¿Significa lo mismo haber nacido al principio de los sesenta en España o en Estados Unidos? Aparentemente sí. Significa, entre muchas otras cosas, haber tenido una existencia fácil y placentera y haber leído muchos cómics, ciencia ficción, novela de detectives e historias fantásticas.

 

«Yo no he perdido nada que no pierda todo el mundo», escribe Michael Chabon.

 

Chabon explica cómo el descubrimiento de autores como Nabokov, Pynchon, Borges o Vonnegut le convenció de que era posible unir esas dos cosas aparentemente tan disímiles: la alta literatura y la alta diversión, la literatura «de verdad» con la fantasía y la ciencia ficción… y cómo pronto descubrió que esta literatura «transgresora» conducía irremisiblemente a la soledad.

 

Chabon explica que su primera novela iba a ser una especie de saga de ciencia ficción en la que un detective, modelado sobre Sherlock Holmes, estaba implicado en la búsqueda de un astrónomo perdido en los canales de Marte, y cómo enseguida se dio cuenta de que si escribía un libro así jamás sería tomado en serio, por lo que decidió aguantarse las ganas y escribir un libro «realista» sobre una ciudad con fama de tediosa y mediocre: Pittsburgh. Así fue como surgió su primera novela, Los misterios de Pittsburgh.

 

Chabon, mi gran héroe, defiende a capa y espada la ciencia ficción, la literatura fantástica, los relatos de fantasmas, la literatura de género, y afirma que lo que más le interesa en el arte es la diversión (entertainment). Chabon se burla con deliciosa elegancia de Raymond Carver y afirma que no logra comprender por qué ahora todo el mundo escribe este tipo de relatos y sólo este tipo de relatos. Imaginen, dice en uno de los ensayos, que alrededor de 1950 todo el mundo se hubiera puesto de acuerdo en escribir novelas sólo sobre un tema: novelas de enfermeras, y que sólo las novelas que trataran de enfermeras fueran consideradas verdadera literatura. Suena bastante absurdo. Pero esa es, realmente, la situación a la que hemos llegado.

 

Queda preguntarse por qué los zoquetes que siguen sin entender o gustar de la ciencia ficción, la fantasía o los comics tienen tanta fuerza y son capaces de seguir imponiendo sus vetustos criterios con tal implacable firmeza. Chabon no entra a preguntarse tal cosa. Pero propone, en cambio, algo muy interesante: que en las librerías, los libros se colocaran de la A a la Z por el nombre del autor, sin separarlos en esos ghettos que son los géneros.

 

Es necesario, muy necesario leer a Michael Chabon. No sólo sus maravillosas novelas (Wonder Boys, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, El sindicato de policía Yiddish) sino también este volumen de ensayos, repleto de ideas absolutamente pertinentes. Quizá mucho más pertinentes en nuestro país que en el suyo.

 

Madrid, 1961. Escritor. Estudió Filología Española en la Universidad Autónoma de Madrid y piano en el conservatorio. Fue pianista de jazz y profesor de español. Vivió en Nueva York durante unos cuantos años y en la actualidad reside en Madrid con su mujer y sus dos hijos. Es autor de las novelas La música del mundo, El mundo en la Era de Varick, La sombra del pajaro lira, El parque prohibido y Memorias de un hombre de madera y del libro de cuentos El perfume del cardamomo. Ganó el premio Bartolomé March por su labor como crítico literario. Ha sido además crítico de música clásica del diario ABC, en cuyo suplemento cultural escribe desde hace varios años su columna Comunicados de la tortuga celeste. Su ópera Dulcinea se estrenó en el Teatro Real en 2006. Acaba de terminar una novela titulada La lluvia de los inocentes.

4 COMENTARIOS

  1. Tengo en casa El sindicato de

    Tengo en casa El sindicato de policía Yiddish. Cuando me acabe la maravillosa Europa Central, pongo ojos a la obra.

    Creo que uno de los rasgos fundamentales del ser humano es el de levantar muros, el de excluir. Estas historias que cuentas de la novela se ven con más claridad en el diminuto mundo poético. Por ejemplo, hay un tipo que se llama Jesús García Sánchez que ha montado una editorial para excluir, para difundir una poesía que es correcta en lo formal y aburrida en todo lo demás. Para este proyecto se ha rodeado de gente como Luis Antonio de Villena, García Montero o Caballero Bonald. Cuando uno lee los libros de Visor y piensa en la gran poesía del pasado, la pregunta es inevitable: ¿Es que no queda nadie que escriba poesía en español?

    Yo he hecho la prueba de dar a leer a buenos lectores libros de Luis Muñoz o Caballero Bonald (que ha mejorado algo últimamente) o Carlos Marzal y me miran como si les estuviera tomando el pelo.

    Este sindicato de poesía kitsch ha conseguido que se premie con el Cervantes a un poeta horroroso, insuperablemente malo como Gelman y a un poeta del montón como Pacheco.

    En este contexto no es de extrañar que la poesía de Mestre, que está bien pero no aporta cosas nuevas, destaque.

     

     

    • Lo siento, soy yo otra vez,

      Lo siento, soy yo otra vez, naturalmente que no queda nadie que escriba poesía en español, pero se publica más que nunca. Le dejo una muestra de que no hay poesía (dedicada a Visor):

      ESTIMADOS CARACOLES

      Al aire de un visor alanceado

      galas de damas cual palomas ruedan

      si los senescales estuvieran viéndolas…

      la luz no es más, en su viaje recta,

      que el eterno babo de vuestra parábola

      ambos vienen de otro mundo, arcano,

      entre los dos por un instante, eureka!

      Debería usted aclarar que Visor no ha rechazado ninguno de sus originales para que no puedan tacharle de respirar por la famosa herida.

      Europa Central  ¿es la novela de Vollmann o la cosa en sí? ¿ha leído El Rey de las dos Sicilias?

      Espero que don Ibáñez le conteste, a veces se asusta al ver mi nick. Vale

      • Mi inquina hacia Visor deriva

        Mi inquina hacia Visor deriva de los tejemanejes en los concursos. Además ocurre lo que menciono.

        Es la novela de Vollmann.

        Gracias por la recomendación.

  2. Gracias por recomendar a

    Gracias por recomendar a alguien que no sea Murakami (es broma). Discrepo sobre lo del destino de Chabon, por lo que sé es un héroe entre la generación joven de USA (para mí usted no es joven, siento decirlo) nacidos en los 80.

    Kavalier and Clay es un libro de culto, nada oculto. Si ESPY (El sindicato de…) fue traducido aquí tan pronto no debe ser por descubrirnos a este señor sino porque vende. Yo lo leí hace unos meses y no me gusta pero soy muy exigente (a veces no me gustan ni algunas de las entradas a este blog): el diseño de la portada me parece horrible (pero a la gente le entusiasma), no soporto los libros con Glosario (soy fan de las notas al pie) sobre todo cuando no incluyen la mitad de los términos necesarios), la presencia de Nabokov en los agradecimientos parece demasiado obvia, la trama se vuelve demasiado tirante con el truco de la entrada en el monovolumen blindado, en fin…

    Me dicen que los hermanos Coen iban a rodar una película basada en ESPY pero no hay noticias posteriores. Me permito recomendarle el blog de una chica estadounidense marissabidilla.blogspot.com (a pesar del nombre es encantadora y no habla español) por sus comentarios sobre Chabon y la vida teatral de San Francisco. Tiene 25 años (según ella) así que es joven. Yo si creo que hay una generación de los 60, la llamo del 63 porque es mi año de nacimiento y el del asesinato de Kennedy. Enhorabuena por esta vez pero esos » contemporanos» línea 5ª…¿Puedo preguntarle qué piensa de Palahniuk? Vale

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