Maradona, ¿qué metáfora argentina?

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Seré breve. El País publica este artículo, con el pretencioso título de “Maradona como metáfora argentina”. Me esperaba algún análisis mínimamente inteligente, pero me encontré una cadena de lugares comunes, prejuicios e improperios gratuitos.

El texto comienza a resbalarse desde el principio. Comparar la Argentina con el África Subsahariana es un poco ‘too much’, ¿no? Con sus contradicciones y sus desafíos, que son muchos, Argentina sigue estando entre los países menos desiguales de la América Latina. Si vamos a dar cifras de pobreza, contextualicémoslas, porque también España arrastra una pobreza de entre el 20% y el 30%, según los datos que utilicemos, y no la comparamos con Ruanda…

Nunca dejes que la verdad te arrebate un artículo sonado. Si vende decir que los problemas sociales, políticos y económicos de la Argentina se resumen en Maradona, entonces, digámoslo. Repitamos los topicazos del granero del mundo. Lo de que Dios es argentino. Que, por otra parte, también lo dicen los brasileños: un lugar común que no está tan lejos de nuestro clásico “Como en España no se vive en ningún lado”.

¿A qué tanto resentimiento? ¿Y este artículo fue escrito a cuatro manos? Ya he escrito sobre mi visión de Maradona; no sé si muy fundada, pero al menos más honesta. Un amigo porteño me decía que este texto ejemplifica ese pensamiento del “europeo etnocéntrico” que incomoda a tantos latinoamericanos. Y me remite a esta columna publicada en Página 12 que aquí os cuelgo.

Que cada uno saque sus conclusiones.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.